22 años del “Caracazo”

Parece increíble que hayan transcurrido 22 años desde el sacudón del 27 y 28 de febrero de 1989, sobre todo porque los sucesos están todavía vivos y respirando en la memoria colectiva de Venezuela.
Alza en los precios de la gasolina, alza en los servicios, alza en el costo de la vida y alza en la desesperación de un montón de gente que, sin líder y sin twitter, salió a la calle a gritar con la sangre hirviendo: “No me calo más esta vaina”.

Los testimonios de los caraqueños son impactantes: muchos vieron morir a sus familiares en sus propias casas, otros perdieron sus negocios y todos perdimos la capacidad de asombro. Pero el punto de convergencia es uno solo: la represión  por parte de las autoridades fue desproporcionada. Simplemente había ganas de echar plomo sin preguntar.
El dedo acusador apunta a dos nombres: Carlos Andrés Pérez – presidente para la época- y el General Ítalo del Valle Alliegro, ministro de la Defensa.

La cifra oficial ronda los 300 muertos, aunque otras fuentes extraoficiales hablan de 3 mil. Pero la verdad es que cualquiera de los dos números es terrible para una democracia.

Las investigaciones siguen pendientes y las preguntas intactas: ¿dónde están los desaparecidos?,  ¿a quienes pertenecen los cuerpos enterrados en las fosas comunes de La Peste? ¿Quién dio la orden? ¿Quién va a pagar por todo esto?  En ese proceso de investigación y reclamo,  hay que resaltar el trabajo de COFAVIC y su directora, Liliana Ortega, que tiene 22 años tratando de obtener justicia. Se han logrado indemnizaciones y un proceso de reconocimiento de cadáveres, pero aún no es suficiente.

Los familiares de esas víctimas, que se han sentado a conversar con nosotros, nos dicen con toda honestidad que la indemnización no alivia el espíritu. Que lo que realmente puede calmar la tristeza y la angustia es saber el PORQUÉ.

Por otra parte, si nos trasladamos al presente, es inevitable la comparación con lo que está sucediendo en Libia en este momento, donde Muanmar Al Gaddafi ha ordenado la represión sangrienta de las protestas de su propia gente. “El pueblo que no me quiere, no merece la vida” dice Gaddafi en una frase que quedará colgada para siempre en el museo de los dictadores.

Tampoco puedo evitar decir  que llama muchísimo la atención – por decir lo menos-  que el presidente Hugo Chávez se haya referido siempre al Caracazo como una masacre y, hoy en día, sea incapaz de poner esa etiqueta en la frente de su amigo Gaddafi y sus mil muertos en Libia. Carlos Andrés Pérez no era ningún santo, en eso estamos claritos, pero al lado del pana Muanmar, era un niño de pecho.

Hoy se conmemora otro año de la rebelión popular del 89  y – en teoría – debería condenarse  una vez más la represión a muerte. Lástima que se haga de un solo lado.

@andreina

PD: Los dejo con el trabajo que hicimos en ocasión de los 20 años del Caracazo, en 2009. Gracias por escuchar:

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