El clítoris de Diaryatou

En un pueblo lejano de Guinea, en África, una niña de ocho años acompaña inocentemente a las mujeres de su familia por las colinas. Entre sus tías y su abuela lo han preparado todo:  Diaryatou será pronto “liberada” de ese pequeño pedazo de piel que sólo sirve para dar placer y que resulta sucio en su cultura: el clítoris. Bajo los árboles y sujetada por cuatro matronas del pueblo, un cuchillo rudimentario mutila a a la niña para siempre.

La historia de Diaryatou es sólo una entre millones de mujeres que han sufrido la escisión o  la mutilación genital femenina, una práctica frecuente en Africa y Asia que consiste en la eliminación del clítoris, los labios menores y muchas veces el cierre de los labios mayores de la vulva.
Casi treinta años después de este episodio,  llegamos a la casa de Diaryatou en Paris, para escuchar su testimonio… que sigue siendo sumamente doloroso de contar:

“El día en que todo pasó, yo me encontré de repente con cuatro mujeres. Entre ellas, una que yo llamo “La Bruja” porque era grande y fuerte. Dos me agarraron los pies, las otras dos me agarraron las manos, me tumbaron debajo de unos árboles y ahí me cortaron. Como he dicho muchas veces, el grito que pegué ese día es un grito que marcó mi vida entera, un dolor que no puedo olvidar. Justo después hubo toda una ceremonia, regresamos al pueblo,  donde las mujeres bailaban como parte de ese ritual de la escisión.Durante casi un mes, mi abuela me lavaba con agua caliente y me enseñaba como caminar porque había que caminar con las piernas abiertas para no sentir dolor. Nadie me explicó por qué razón hacían eso… Y así fue como sucedió mi escisión.

Andreina: ¿Qué tipo de escisión sufriste?

Diaryatou:  “La escisión que yo viví fue la del tipo número 2, es decir, se elimina el clítoris y los labios menores pero cada caso depende de donde se practique, en cada país es distinto. Conmigo utilizaron una especie de hojilla, un cuchillo… un cuchillo pequeño. A veces se hace en el hospital y se utilizan tijeras o una cuchilla, dependiendo del país. Pero en los pueblos se hace más que todo con un cuchillo que no es esterilizado. Tampoco se usa anestesia, se hace en condiciones muy difíciles…”

 

La escisión se practica bajo el argumento de mantener a la mujer limpia y fiel a su marido, eliminando un órgano de placer como lo es el clítoris. En 2016, UNICEF estimó que 200 millones de mujeres han sufrido la mutilación genital. La mitad vive en Egipto, Etiopía e Indonesia, aunque se practica en otros 26 países del mundo. La ginecóloga venezolana Mirla Oviedo nos explica de qué se trata exactamente la escisión:

“Consiste en la ablación del clítoris, del capuchón del clítoris (el equivalente al prepucio en el hombre), pero puede ser más grave más acentuado cuando se elimina además los labios menores. Y su expresión más grave es cuando se quita el clítoris, el capuchón, los labios menores y los mayores. En ese caso, hay una sutura de toda la vulva, dejando dos orificios – a veces uno solo- para dejar salir la orina y el flujo menstrual. Es lo que llamamos la infibulación, que es el caso más extremo de la escisión”

En Francia, la ley  condena la mutilación genital hasta con 30 años de prisión y 150 mil euros de multa. Pero la escisión afecta a las niñas y adolescentes de origen africano que viven en Francia pero que viajan con sus padres a África para sufrir el ritual. Se ha lanzado campañas de alerta dirigidas a las menores de edad que pudieran estar en situación de riesgo. Los mensajes publicados en medios de comunicación, redes sociales y centros educativos han frenado eficazmente un buen número de viajes que sirven a la mutilación genital pero el peligro sigue latente.

Durante estas “vacaciones” en África se producen distintos escenarios: o bien las mujeres de la familia – tías, abuelas- realizan la escisión sin el permiso de los padres con el pretexto de mantener la tradición, o  son los mismos padres quienes desean demostrar que no han sido contaminados por la “occidentalidad” francesa y que son perfectamente capaces de respetar sus costumbres ancestrales, por muy atroces que sean. Muchos incluso pretenden suavizar el efecto de la escisión argumentando que en estos nuevos tiempos se realiza en un ambiente hospitalario.
En cualquier caso, con anestesia o sin ella, con cuchillo o con bisturí, es la adolescente quien se ve mutilada de un órgano con el que nace y al que tiene derecho como todas las mujeres.

Consciente de esta práctica, Diaryatou ha convertido su terrible experiencia en activismo, creando campañas en alerta a las jóvenes africanas que viven en Francia y llegando a presidir la organización  “Excision Parlons-en”(Hablemos de la Escisión).  Incluso publicó el libro “Me robaron mi niñez” en el que relata su mutilación genital.

“En 2005 tuve la idea de escribir un libro, pero mi francés no era muy bueno… Cuando le decía a la gente lo que quería hacer… se reían porque me decían: “Cómo vas a hacer un libro si no sabes leer ni escribir?”  Una escritora, amiga de mi psicólogo, me propuso ayudarme a escribir el libro. Nos veíamos todas las semanas, yo contaba mis historias en una grabadora y ella las transcribía. Eso me abrió las puertas a un nuevo mundo donde pude participar en programas de televisión, el Salón del Libro… conocer  a la gente de medios… una nueva vida que yo no esperaba…” relata Diaryatou.

La experiencia de esta mujer guineana es un ejemplo de cómo se puede sobrevivir a la brutalidad de una mutilación y convertirla en una misión de vida. En este Día de la Mujer, compartir su historia podría cambiar el destino de 3 millones de niñas que cada año están en riesgo de sufrir la escisión. El clítoris de Diaryatou se perdió para siempre… pero muchos otros pueden salvarse.

Andreina Flores
8 de marzo de 2020. París, Francia. 

 

Día de la Resistencia Parlamentaria

Parte de ejercer esta intensa profesión de periodista es encontrar realidades difíciles durante los recorridos de trabajo: la casa de José Manuel que se le derrumbó con la última lluvia, Mariela que está embarazada de 7 meses y vive en el basurero municipal o Yumira y su hijo de 16 años, que se lo mataron a tiros por meterse con la novia de un malandro.

En junio de 2012,  estuvimos en el estado fronterizo de Zulia  –  específicamente en el municipio Machiques de Perijá – y nos topamos otra vez con uno de esos casos que no dejan dormir y que exigen – con un corrientazo a la conciencia  – que uno haga ALGO.

Maribel Romero es una líder indígena de la etnia Yukpa que vive en la Misión Los Ángeles del Tokuko en la Sierra de Perijá. Con miedo pero con determinación, denuncia ante los micrófonos de RCN Radio de Colombia que grupos armados colombianos, que se autoidentifican como guerrilla, estarían violando a las mujeres indígenas, incluyendo adolescentes de 15  y 16 años.
De esta situación –  continúa Maribel  – ya habría incluso casos de embarazo. Con sólo ver la apariencia de los niños que están naciendo, no es difícil adivinar que la situación no es cuento de camino : “No son yukpas, son mestizos, blancos, blanquitos”.

Maribel denuncia también la agresión física. Una de sus vecinas en la Misión del Tokuko habría sido víctima de golpes por parte de estos hombres armados.  Sin embargo, los moretones son los únicos que se atreven a decir algo, porque su compañera yukpa jamás se quejó ante las autoridades.  Y ese  es sólo un caso entre muchos.

Presentación de la denuncia  yukpa ante la Comisión de Familia de la Asamblea Nacional

La oportunidad de elevar esta denuncia  a instancias nacionales se presentó en la Comisión de Familia de la Asamblea Nacional de Venezuela, a la que agradezco infinitamente me haya dado el derecho de palabra de hoy.  Presentamos el testimonio grabado de Maribel, apoyado con la confirmación del intendente de seguridad de la zona.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Hay resistencia por parte de la tolda roja a todo lo que pueda oler a crítica contra el gobierno nacional.

La diputada del PSUV,  Lirisol Velásquez, me señala de querer “armar un jueguito mediático”, de pertenecer a un medio que no es “ninguna ovejita” y que “tiene intereses claros contra el presidente Chávez”.  La diputada María León se enardece mucho más : se levanta y grita a viva voz que no se tolerará que se irrespete a Hugo Chávez Frías y amenaza con retirarse de la sala junto a las diputadas del PSUV que están presentes.

Lo dije al principio de mi intervención: no tengo la intención de politizar este tema. No he irrespetado a Hugo Chávez de ninguna forma. Esta no es una denuncia contra el presidente. Es una solicitud de PROTECCIÓN para las mujeres indígenas que están denunciando agresión sexual por parte de grupos armados colombianos. Es una solicitud de investigación por parte de autoridades nacionales que bien podrían lograr un cambio importantísimo para estas mujeres.

Esto no es contra Hugo Chávez. Esto está POR ENCIMA de Hugo Chávez.

La verdad es que pensé que iba a encontrar mucha más solidaridad femenina dentro de este grupo de diputadas. Pensé que iban a sentir el mismo asco que sentí yo cuando escuché que un hombre armado estaría tomando violentamente algo tan delicado como la intimidad de una mujer venezolana.

Pero no.  Definitivamente, la politiquería que estamos viviendo en este país nos ha quitado la perspectiva de lo que es verdaderamente importante.  Al parecer, la prioridad es defender a ultranza al líder político, por encima de las necesidades de la gente.

A pocos días del 12 de octubre – llamado Día de la Resistencia Indígena – la diputada Marleny Contreras señala que el gobierno del presidente Chávez es el que realmente ha reconocido y mejorado  las condiciones de la población indígena en Venezuela. Si es así, lo aplaudo.  Pero… ¿por qué no darle continuidad a esa labor y atender esta denuncia de violación en la frontera?
¿Por qué sentenciar a priori que hay una intención oculta de un medio de comunicación?

En términos sencillos, esto es como llamar al número de emergencia para denunciar a un violador que ha entrado a la casa y que el operador conteste: “Señorita, déjese de inventos. Usted lo que quiere es hacernos quedar mal”.

La diputada Contreras, con mucha humildad, reconoce que “el gobierno tiene fallas…”  Lamentablemente, aunque venga vestida de buena intención, esa palabra se queda demasiado pequeña; una “falla” es un hueco en una carretera, un corte de luz en un pueblo. La violación a una mujer es un acto abominable que debe, POR LO MENOS, ser investigado.

La diputada de oposición, Nora Bracho, siendo oriunda del estado Zulia, parece sentir mucho más la preocupación por investigar. Hace un llamado a “no matar al mensajero”  – y esta mensajera lo agradece –  pero más allá de eso, propone una comisión que se traslade a la región y se informe sobre los hechos.  Se habla también de llevar el caso a las comisiones de Política Interior y de Pueblos Indígenas para trabajar en conjunto.

La reunión no termina bien, de hecho, casi ni me dejan hablar. Pero,  de alguna forma, me parece que podría haber una luz al final del túnel. O quizás estoy siendo ingenua… otra vez.

Una colega de ANTV me pregunta al salir que cuál es mi compromiso con esa denuncia. Sencillo: mi compromiso es personal. Mi compromiso nada tiene que ver con mi radio o con atacar al presidente.

Mi compromiso es con Maribel, su esposo y su gente,  que poniéndome un collar yukpa en el cuello me dijeron:  “Confiamos en ti para que lleves nuestra voz a Caracas”.
Y  no hay resistencia parlamentaria que pueda evitar eso.

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Aquí un fragmento de la denuncia de Maribel en sus propias palabras:

Aquí la denuncia presentada ante la Comisión de Familia de la Asamblea Nacional:

Un verdadero Día de la Mujer

Hoy, 8 de Marzo, me siento a recordar una de las celebraciones más interesantes que he visto del Día Internacional de la Mujer. Hace dos años yo tenía el privilegio de trabajar en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, como corresponsal de Radio Francia Internacional.

En el marco de este día se llevó a cabo, como todos los años, la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Sí, el nombre puede resultar aburrido, pero el despliegue de diversidad femenina que se respiraba en la ONU era algo sublime que nos superaba a todos.

Mujeres de África en sus atuendos tradicionales, jóvenes del Medio Oriente contando cómo habían sobrevivido con éxito en sociedades machistas, chicas europeas comprometidas con erradicar males abominables como la violencia sexual contra las mujeres en conflicto armado. Hasta Hillary Clinton – que no es santo de mi devoción – ofreció un emotivo discurso que puso un acento fuerte pero sensible en ese concepto universal que gana terreno cada día: el empoderamiento de la mujer.

Entre los pasillos de la ONU, conocí a Rehana, una mujer pakistaní de 30 años. Pequeñita, delgadita, morenita. Con lentes y aire de intelectual. Rehana me cuenta que fue la primera niña de su tribu en ir a la escuela y que siempre estará agradecida con su padre por haberse parado firme frente a otros hombres y decirles en la cara que su hija hembra también tenía derecho a ser educada.

Sin embargo, reconoce que falta mucho por hacer porque aún prevalece la vieja creencia de que los hombres se encargan de las cosas de la calle y las mujeres de las de la casa. “Todavía estamos al margen” termina Rehana.

Más adelante me encuentro a Silvia, mexicana de pura cepa, que me regala una frase lapidaria: “Las madres deben dejar de criar príncipes y empezar a criar hombres”. Y es que en América Latina todavía son las niñas las que recogen la mesa y lavan los platos mientras los niños corren al PlayStation. Todavía se les celebra a los varones adolescentes que “conquisten todo lo que puedan”, aunque eso signifique llevarse a un montón de chicas por delante.
Sí, las madres latinas podrían ser la clave para una gran diferencia.

Más allá está mi colega Eva, periodista española, nacida en los últimos años del franquismo, que cuenta con verdadero asombro lo que ha cambiado su país en los últimos 30 años: “Antes cuando la mujer quería abrir una cuenta bancaria o un negocio, necesitaba el permiso del hombre. Si se casaba, tenía que dejar de trabajar. En general, tenía el papel de hacerlo todo en casa y callarse”.

De eso han quedado muchos escombros, como bien lo confirma Inés Alberdi, también española, y directora en 2010 de UNIFEM – Fondo de Naciones Unidas para la Mujer. Alberdi reconoce que España es uno de los países europeos donde más se ha manifestado la violencia contra la mujer: “Es una mentalidad de cientos de años donde el hombre tenía derecho a castigar a su mujer. Exigía obediencia de su esposa, de su novia, de su hija. Eso es muy difícil de cambiar”.

Por supuesto, para ese trabajo que hicimos en 2010, se quedaron muchos dramas reales en el tintero: las mujeres afganas bajo el régimen talibán, las deportistas de Irán que deben cubrirse con el velo en sus juegos o las mujeres en conflicto armado que son víctimas de agresión sexual como arma de guerra.

El cambio es lento y, muchas veces, insuficiente, desesperante. Pero reconozco que ver a nuestras mujeres latinas presidiendo países o a una Angela Merkel dirigiendo casi toda Europa, me da esperanzas.
Por lo pronto, no hago fiestas. Prefiero sentarme a reflexionar y a imaginar que, dentro de unos años quizás, sí podamos celebrar un verdadero Día de la Mujer.

 

@andreina

 

Radio Francia Internacional. Reportaje Día de la Mujer 2010. Gracias por escuchar: