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Bataclan Ruben Blades

Cuando se entra al lugar donde han muerto 90 personas en una sola noche, uno no sabe muy bien qué hacer. Hay un brote de emociones raras. Un estómago revuelto, una sonrisa nerviosa,, mil preguntas y una mirada alerta para ver quién tiene cara de terrorista, loco o asesino.

La primera en aparecer es la pregunta culpable: “¿Tengo derecho a bailar salsa sobre el mismo piso en el que estas personas fueron asesinadas? Soy una hija de puta. ¿Cómo soy capaz?”

Y luego, ese escaneo visual de 360 grados al teatro completo,  imaginándome un tiroteo eterno y un montón de sangre y gritos. Reviviendo una escena que nunca vi pero que forma parte de una película que ha rodado con mucha nitidez en mi imaginación desde noviembre del 2015.

Bajo la mirada disimuladamente y veo una mancha en el piso. “¿Será sangre? Será que no limpiaron bien y quedó esa sombra oscura para siempre? No, no. Es una veta de la madera. Cálmate”.

Un ramillete más: “¿Qué estaba haciendo Sven Alejandro – el único venezolano fallecido en esa masacre – cuando murió? ¿Estaba saltando como yo? ¿Estaba contento de estar aquí como yo?”.

A pesar de todos esos sentimientos oscuros, hay algo que siempre he admirado de los franceses… y es que se recuperan dignamente de las peores tragedias. De dos guerras mundiales, los excesos de la monarquía, el caos post-revolución y últimamente, los actos terroristas.

Plantan cara y abofetean con esto: “No les vamos a dar el gusto de quedarnos en casa. Francia no pierde su façon de vivre a causa del miedo”.

Es tan contundente su actitud que uno no tiene más opción que plegarse. Tragar grueso, bendecir a los que murieron y bailar “Pedro Navaja” en su nombre.

Amén.

@andreina

Cilia Flores: “Esa computadora está más recargada que el maletín del Gato Félix”


Esa fue la reacción de la diputada Cilia Flores frente a la publicación del libro “Archivos FARC: Venezuela, Ecuador y el Archivo Secreto de Raúl Reyes” publicado este martes como el informe oficial del análisis de los computadores del número 2 del grupo subversivo FARC, abatido por el ejército colombiano en Ecuador en el año 2008.

Luego de 2 años de trabajo, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos –  responsable del análisis en Londres –  arrojó conclusiones importantes como que el presidente Chávez habría ofrecido a las FARC un aporte monetario de 300 millones de dólares o que existirían campos en donde grupos terroristas entrenan a las milicias venezolanas.
Aristóbulo Istúriz, vice-presidente de la Asamblea Nacional venezolana, fue mucho más escueto: “Me parece una distracción, una perdedera de tiempo porque las computadoras de Raúl Reyes son un fraude”.

Ya desde horas de la mañana, la embajada venezolana en Londres había emitido también un reclamo formal por la publicación del libro, señalando “”inexactitudes básicas en la pre-publicidad y el propio informe” y calificándolo de “sospechoso”.
Colombia prefirió guardar un prudente silencio para no destruir con los pies lo que ha construido con las manos en materia de relaciones internacionales con Venezuela y Ecuador.
¿Alguna investigación en puertas que aclare esta situación? Hasta donde sabemos, ninguna.
A menos que el Gato Félix tenga alguna en la bolsa…

@andreina