El asalto al congreso: déjà vu para los venezolanos

Caricatura del venezolano EDO. Jueves 7 de enero de 2021.

Por Andreina Flores

Una turba que rompe los vidrios del Congreso norteamericano,  que roba objetos históricos con una risa delincuente, un hombre que alardea al subir los pies en el escritorio de Nancy Pelosi o un carapintada que desafía a las fuerzas del orden con sus enormes cuernos.

Vaya espectáculo. En el mundo entero causa un rictus de repulsión. Desde Francia hasta Nueva Zelanda, los hechos han recibido una condena unánime.

Pero en el corazón político de los venezolanos estas imágenes traen también un sentimiento adicional: el recuerdo. Venezuela no puede evitar reconocer su propia historia en lo que sucedió este miércoles en Washington.

El 5 de julio de 2017, las turbas afectas al chavismo y a Nicolás Maduro violentaron los portales de la Asamblea Nacional venezolana, controlada en ese momento por la oposición. En su irrupción,  al igual que los rojos de Trump, los rojos de Chávez rompieron ventanas, puertas y cámaras de televisión. Golpearon periodistas y fueron capaces de herir a seis diputados, entre ellos Armando Armas – cuyas imágenes llenas de sangre le dieron la vuelta al mundo – y Américo de Grazia, que terminó con tres costillas fracturadas y una herida de nueve centímetros en la cabeza.

El odio y la actitud jactanciosa de quienes destrozaron el hemiciclo venezolano en 2017 es el mismo cóctel de emociones que vimos en la cara los trumpistas este miércoles en el Congreso estadounidense. Sobrados, como dirían en mi pueblo.

Para el  mundo fue motivo de estupefacción e incredulidad, para los venezolanos… un simple déjà vu. Y es que nuevamente, las similitudes entre Chávez y Trump vuelven a golpearnos los ojos. Ayer quedó claro que se parecen igualito.

Así como Trump se negó a reconocer su derrota y ha vociferado que nunca concederá la victoria a Joe Biden, así recuerdo yo el día en que Chávez recibió un fuerte rechazo electoral luego de plantear una reforma a la constitución venezolana en 2007. “Es una victoria de mierda” fue la flamante frase democrática que espetó el mandatario en ese entonces.

Pero además, están todas las estratagemas que el chavismo ha aplicado en Venezuela y que se asoman en los intentos – afortunadamente infructíferos – de Trump de aferrarse al poder. El nombramiento de amigos fieles a la cabeza del Tribunal Supremo de Justicia, el manejo oscuro del Consejo Nacional Electoral y sus procedimientos, la inhabilitación política de candidatos opositores con altas posibilidades de ganar y muy especialmente, la persecución penal contra las caras más visibles de la disidencia. No hay que olvidar que en Venezuela se cuentan ya 370 presos políticos.

Esto, sin mencionar los berrinches, las agresiones a la prensa y la hiper-comunicación por todos los flancos  en donde el “Yo” visceral comanda sin freno.

Anoche en la televisión francesa, una analista franco-estadounidense decía sin tapujos que “el ataque al Congreso podría esperarse en una república bananera pero no en Estados Unidos”. Horas más tarde, el expresidente Bush hacía una reflexión similar. Confieso que, más allá del desagrado que me produce el tono racista de una expresión como “república bananera”, la señora tenía razón.

Y justamente, lo que salva hoy a Estados Unidos del “bananerismo” es su solemne apego a las instituciones. Eso que llaman “vergüenza política”.  Es la declaración del vice-presidente Pence, rompiendo lazos con Trump al negarse a torcer la realidad de su derrota. Es un Mitch McConnell, líder republicano del Senado, advirtiendo a su jefe que no va a desautorizar a los colegios electorales porque eso “dañaría a la república para siempre”. Son los bedeles del Congreso limpiando el desastre de los invasores fanáticos de Trump para que los legisladores pudieran continuar su sesión y certificar al presidente electo. Son los 1.100 miembros de la Guardia Nacional desplegados en los alrededores del Congreso para proteger su investidura, no para hacerle el juego a un presidente enfermo de poder.

Un contraste importante con el bananero jefe militar de la Guardia Nacional venezolana, Bladimir Lugo, encargado de la seguridad de la Asamblea Nacional en 2017, quien fue cómplice y facilitador de las agresiones a los diputados.  En lugar de ser destituido ipso-facto, recibió la medalla de honor al mérito de las mismísimas manos de Nicolás Maduro, por haber gritado y empujado al presidente del Parlamento, Julio Borges.  Un contraste también con los aplausos de Diosdado Cabello, considerado el número dos del chavismo y jefe de la bancada oficialista de la asamblea, quien sonreía orgulloso de que sus militantes hicieran correr sangre en el palacio legislativo.

Esto no es un tema de ideologías políticas ni de tendencias de izquierda o de derecha porque está claro que los dos extremos se tocan. Gorra roja y boina roja son lo mismo. Esto es un tema de decencia cívica. Y ahí es donde Venezuela y Estados Unidos se desencuentran.

El manual chavista parece haber servido de hoja de ruta para el comportamiento egoísta y malcriado de Donald Trump, pero las instituciones norteamericanas mostraron ayer  que los altos responsables del orden y la democracia saben decir que NO a tiempo. Algo que no ha ocurrido en Venezuela desde hace más de veinte años y que sigue manteniendo a la dictadura bananera intacta.

Les confieso que estaré verde de envidia frente al televisor cuando Joe Biden se juramente como nuevo presidente. No porque me guste Biden sino porque me gusta la alternancia, el juego limpio, el cambio, la solemnidad y el respeto al orden nacional.

Estaré verde de envidia… de ver la democracia de lejos.

Francia: cinco años de los ataques del 13 de noviembre

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Rubén Pérez, franco -venezolano, es uno de los sobrevivientes del atentado contra el teatro Bataclan en 2015. Aquí a las puertas del sitio cinco años después. Foto: Andreina Flores

Son casi las diez de la noche del 13 de noviembre de 2015. En el famoso teatro Bataclan del centro de París, unas mil quinientas personas disfrutan a todo pulmón del concierto de Eagles of Death Metal, cuando de pronto tres hombres armados con fusiles de asalto irrumpen en el lugar gritando “Allah Akbar” y abren fuego. Inmediatamente, el suelo se llena de sangre, de cadáveres y de heridos buscando salir de ese infierno por cualquier rendija.

Ochenta y nueve personas nunca salieron con vida del lugar. Lamentablemente, no fueron los únicos. Minutos antes, otros ataques con explosivos y armas de fuego se produjeron en el Stade de France, en los restaurantes “Le Carillon”, “Petit Cambodge” y en los bares “La bonne bière” y “La Belle Équipe”. Se trata de la noche más sangrienta que se haya vivido en Francia en los últimos años, que dejó como saldo 130 fallecidos y al menos 400 heridos.

Dos sobrevivientes de esa masacre relatan su experiencia y sus impresiones sobre el terrorismo en Francia, cinco años después.

El muñequito verde: correr o morir

Rubén Pérez tiene 35 años y es franco- venezolano. El 13 de noviembre de 2015 era uno de los presentes  en el concierto de Eagles of Death Metal en el teatro Bataclan. Esa noche, luego de fingir su propia muerte tirado en el piso, logró salir de la sala con vida en un descuido de los atacantes. Su mejor amigo, Grégory Fosse, quien lo acompañaba en el espectáculo, no tuvo la misma suerte.

Hoy, cinco años después, Rubén acepta volver a las puertas del Bataclan para sentarse a conversar con nosotros sobre el atentado:

“Ya habíamos disfrutado de una hora de concierto cuando de pronto, sentimos mucho ruido, unos golpes… busqué a mis amigos pero no los veía. Se me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ‘¿Qué está pasando? ¿Este ruido forma parte del concierto? ¿Dónde están mis amigos? ¿Qué les pasa a todos?’

Lo primero que hizo la gente fue aglutinarse  en el suelo… y ahí fue que entendí que había disparos. Yo me acosté boca abajo pero quedé encima de otras personas. Todo el mundo quería estar lo más pegado al suelo posible… pero no se podía porque había mucha gente. Yo quedé en lo más alto del montón.

Yo ya había entendido que había unos atacantes en la sala… pero pensé que habían terminado de disparar y se iban a ir. Pero no. No veía nada pero sí escuché como cinco o seis disparos más y sabía muy bien que por cada disparo… moría una persona.

Además, el ruido era insoportable. Había gente llorando, gritando, había gente sufriendo de sus heridas…

Yo seguía escuchando disparos en la sala y, poco a poco, fueron acercándose a mí… creo que empecé a calcular que los terroristas estaban como a dos o tres metros de mí. Y en ese momento me dije ‘Bueno, creo que aquí me voy a morir…’

No me moví ni un centímetro. Por suerte o por no sé qué razón, el terrorista se alejó del grupo donde yo estaba. Frente a mí había otro chico que estaba acostado en el suelo pero él sí se  atrevía a mirar lo que estaba pasando. Segundos después me dijo: ‘Los terroristas están arriba. Si vamos a huir es ahora’.

Algunos se llenaron de fuerza y corrieron para esconderse detrás de la tarima. Yo levanté la cabeza y vi el símbolo de salida: el muñequito verde que indica por donde está la puerta. Yo estaba como a veinte metros pero decidí correr lo más rápido posible. Escuché disparos detrás de mí pero seguí corriendo, tratando de perseguir al muñequito verde… finalmente alcancé la puerta que me llevó a la calle”.

-¿Qué pasó después? ¿Hacia dónde fuiste? ¿Cómo te reencontraste con tu familia?

“No sabíamos muy bien a donde ir. Yo estaba con otras ocho o nueve personas y nos refugiamos en un edificio cercano al Bataclan, donde unos vecinos del cuarto piso nos abrieron la puerta. Desde allí seguíamos escuchando disparos de los terroristas y minutos después, la intervención de la policía, que fue fuerte. En el apartamento donde estábamos había internet y fue allí donde vimos que había ataques también en el Stade de France y en otros bares no muy lejos del Bataclan.

Fue un miedo inmenso porque sentíamos que estábamos en guerra, que había terroristas por todos lados. A pesar de los ataques, mi mamá me llamó y me dijo que venía a buscarme. Yo le dije que no porque con todo lo que estaba pasando en París, no quería ponerla en riesgo. Pero ella vino de todos modos. Al verme, se puso a llorar, muy nerviosa, porque yo estaba todo lleno de sangre… desde la ropa hasta los zapatos. Pero le dije: “No es mi sangre, mamá, yo estoy bien”.

  • ¿Qué pasó con tu amigo Grégory?

“Cuando por fin me sentí a salvo en ese apartamento que me recibió, empecé a preguntarme dónde estaban mis amigos. Sólo sabía que uno de ellos había logrado esconderse detrás de la tarima, pero de Grégory no sabía nada. La información era confusa en ese momento y alguien me dijo “No te preocupes, tu amigo está con la policía”. Yo me quedé tranquilo.

En la madrugada, volví con mis padres a casa, sintiéndome fortalecido porque había estado cerca de la muerte y había sobrevivido. En mi cabeza, mis amigos también habían sobrevivido.

Pero en la mañana, me di cuenta de que había un problema: en realidad nadie tenía noticias de Grégory desde la noche anterior. ‘Hay que llamar a sus padres, a la policía, para saber qué pasó’ le dije a uno de los amigos que había venido al concierto. Una hora después me dio la noticia: Grégory había muerto en el Bataclan.

En ese momento, tuve una crisis de pánico, lloré muchísimo y me di cuenta de que toda esa fuerza que yo había sentido por haber sobrevivido a la muerte… no significaba nada”.

-Rubén, estamos a las puertas del Bataclan, cinco años después de ese atentado terrorista al que tú sobreviviste. ¿Cuál es tu sentimiento hoy, que acabamos de vivir en Francia tres atentados a cuchillo en un mes?

“Este es el sitio donde he vivido la peor experiencia de mi vida. Siento que estos años han pasado rápidamente pero para mí sigue siendo una herida muy importante. Pero además, lo que está sucediendo ahora en Francia me impide hacer el duelo con calma”- confiesa Rubén.

Desafortunadamente, veo que el terrorismo no está vencido. Está quizás menos fuerte que hace cinco años pero sigue estando presente. La diferencia es que ahora los atacantes actúan solos y no se pueden prevenir todos los casos. Es muy difícil saber en qué momento vamos a tener un atentado, en qué momento alguien va a matar a otro.

La policía hace bien su trabajo aunque quizás habría que aplicar muchos más controles a la gente. Pero al mismo tiempo, Francia es el país de la libertad y yo no quiero vivir en un país donde la policía controle a sus ciudadanos todo el tiempo” – termina Rubén.

Un bello equipo

Grégory Reibenberg es propietario del bar “La Belle Équipe”, escenario del tiroteo que dejó 20 fallecidos, incluyendo a la madre de su hija. Foto: Andreina Flores

Así se llama el libro publicado en 2016 por Grégory Reibenberg, propietario del bar “La Belle Équipe”, situado a pocas cuadras de La Bastilla, en pleno corazón de París. El escenario de uno de los atentados del 13 de noviembre de 2015, cuando los terroristas Brahim Abdeslam,  Chakib Akrouh y Abdelhamid Abaaoud, abrieron una ráfaga de fuego con sus fusiles de asalto, matando a 20 personas.

En su libro, que ha resultado toda una terapia contra la rabia y la desolación de esa noche, Grégory cuenta como perdió a su ex – esposa, Djamila Houd, madre de su hija Tess, quien tenía ocho años para el momento del atentado.

Cinco años después, cuando le preguntamos a Grégory por los sucesos del 13 de noviembre, todavía levanta una barrera glacial. Evita rotundamente el tema.

“En realidad, mi relato de lo que sucedió esa noche ocupa sólo tres páginas  del libro” – dice Reibenberg. “No tengo ningún interés en contar lo que sucedió esa noche, ni antes ni después. Usted es muy simpática pero no tengo ganas de hablar de eso, no sé qué puede traer de bueno recordar ese día”- remata con firmeza.

“Sin embargo, le puedo decir que fue una escena que duró un minuto y medio. Fue como una bomba. Fue una escena de horror. Yo me convertí en el capitán de un barco que se hundió con 20 muertos a bordo”.

Además de su libro, Reibenberg encontró otra manera de reponerse del atentado: demoler “La Belle Équipe” y volver a construirla. Nada de lo que era el bar en 2015 se ha mantenido: la barra ha cambiado de ubicación, las sillas y mesas son diferentes, las paredes se han pintado de otro color y el ambiente busca contar una nueva historia.

“Para mí sigue siendo un sitio lleno de vida y yo no quería que conservara la misma forma física” – cuenta Reibenberg. “Yo no quería vivir el estrés de decir todos los días: ‘Aquí en este rincón, cayó una persona y en el de allá, cayó otra’.

¿Pensó en cambiar también el nombre de “La Belle Équipe”?

“Ni por un segundo. En menos de 48 horas decidí que había que destruir todo para volver a construir el bar pero el sitio debía permanecer bajo el mismo nombre. Queda el mismo espíritu pero con un aspecto diferente”.

Sin embargo, en una de las paredes, usted decidió rendir un discreto homenaje a las víctimas…

“Efectivamente, sobre las paredes de la terraza, yo mandé a hacer dos paneles de cristal pintados a mano, con flores de amapola, donde se pueden leer los nombres de las veinte personas fallecidas en el atentado del 13 de noviembre. Sí, es una manera de rendirles homenaje  y de tenerlas presentes con nosotros”.

¿Cuál es su sentimiento con respecto al atentado contra “La Belle Equipe” cinco años después?

“Cinco años son cinco años para usted. Para los que fuimos afectados, no representa un tiempo definido. No tengo el mismo sentido de la temporalidad. Es atemporal: es algo que pasó ayer y al mismo tiempo, pasó hace cien mil años. Ustedes piensan en eso una vez al año. Yo pienso en eso todos los días. Para nosotros, no hay fecha.

Su hija, Tess, tiene hoy trece años. ¿Cómo ha vivido estos cinco años después de la muerte de su madre?

“Mi hija, afortunadamente, está bien acompañada por su familia. Ella entendió lo que sucedió esa noche. Al principio, no creía que su mamá había muerto… tenía sólo ocho años. Pero ahora que va creciendo, hace más preguntas sobre su madre.
Sin embargo, lleva una vida normal como todas las jóvenes de su edad: las fotos, el Instagram, canta y publica vídeos. Y ahora… (se ríe antes de continuar)…  ahora tiene ganas de convertirse en oficial de policía”.

¿Cuál es su impresión al ver estos ataques a cuchillo que se han producido en Francia en las últimas semanas?

“Los ataques terroristas no van a parar de hoy para mañana. Van a continuar porque somos Francia. Porque somos el país de la libertad, porque podemos publicar una imagen de Jesucristo o de Mahoma y eso molesta a mucha gente en el resto del planeta pero para nosotros es libertad de expresión.

Hay seguridad, hay policías, hay militares. Pero no se puede detener a un loco, un iletrado, un imbécil que va por la calle dando cuchillazos a los demás. No se puede detener. Se puede poner un policía detrás de cada persona, detrás de cada profesor como Samuel Paty, eso no cambiará nada. La única forma de pelear contra eso es que todos nos armemos de valor y digamos no”. termina Grégory.

Cinco años después de los atentados del 13 de noviembre, Francia vive una nueva ola de terrorismo. Tres atentados a cuchillo se han registrado en un mes: el ataque a la vieja sede del semanario Charlie Hebdo, la decapitación del profesor Samuel Paty y, por último, el atentado en la iglesia Nuestra Señora de la Asunción en Niza, ocurrido apenas el pasado 29 de octubre.  Los tres ataques han sumado cuatro  muertos.

Las heridas de los sobrevivientes del 13 de noviembre de 2015 siguen abiertas.

Andreina Flores

París

El clítoris de Diaryatou

En un pueblo lejano de Guinea, en África, una niña de ocho años acompaña inocentemente a las mujeres de su familia por las colinas. Entre sus tías y su abuela lo han preparado todo:  Diaryatou será pronto “liberada” de ese pequeño pedazo de piel que sólo sirve para dar placer y que resulta sucio en su cultura: el clítoris. Bajo los árboles y sujetada por cuatro matronas del pueblo, un cuchillo rudimentario mutila a a la niña para siempre.

La historia de Diaryatou es sólo una entre millones de mujeres que han sufrido la escisión o  la mutilación genital femenina, una práctica frecuente en Africa y Asia que consiste en la eliminación del clítoris, los labios menores y muchas veces el cierre de los labios mayores de la vulva.
Casi treinta años después de este episodio,  llegamos a la casa de Diaryatou en Paris, para escuchar su testimonio… que sigue siendo sumamente doloroso de contar:

“El día en que todo pasó, yo me encontré de repente con cuatro mujeres. Entre ellas, una que yo llamo “La Bruja” porque era grande y fuerte. Dos me agarraron los pies, las otras dos me agarraron las manos, me tumbaron debajo de unos árboles y ahí me cortaron. Como he dicho muchas veces, el grito que pegué ese día es un grito que marcó mi vida entera, un dolor que no puedo olvidar. Justo después hubo toda una ceremonia, regresamos al pueblo,  donde las mujeres bailaban como parte de ese ritual de la escisión.Durante casi un mes, mi abuela me lavaba con agua caliente y me enseñaba como caminar porque había que caminar con las piernas abiertas para no sentir dolor. Nadie me explicó por qué razón hacían eso… Y así fue como sucedió mi escisión.

Andreina: ¿Qué tipo de escisión sufriste?

Diaryatou:  “La escisión que yo viví fue la del tipo número 2, es decir, se elimina el clítoris y los labios menores pero cada caso depende de donde se practique, en cada país es distinto. Conmigo utilizaron una especie de hojilla, un cuchillo… un cuchillo pequeño. A veces se hace en el hospital y se utilizan tijeras o una cuchilla, dependiendo del país. Pero en los pueblos se hace más que todo con un cuchillo que no es esterilizado. Tampoco se usa anestesia, se hace en condiciones muy difíciles…”

 

La escisión se practica bajo el argumento de mantener a la mujer limpia y fiel a su marido, eliminando un órgano de placer como lo es el clítoris. En 2016, UNICEF estimó que 200 millones de mujeres han sufrido la mutilación genital. La mitad vive en Egipto, Etiopía e Indonesia, aunque se practica en otros 26 países del mundo. La ginecóloga venezolana Mirla Oviedo nos explica de qué se trata exactamente la escisión:

“Consiste en la ablación del clítoris, del capuchón del clítoris (el equivalente al prepucio en el hombre), pero puede ser más grave más acentuado cuando se elimina además los labios menores. Y su expresión más grave es cuando se quita el clítoris, el capuchón, los labios menores y los mayores. En ese caso, hay una sutura de toda la vulva, dejando dos orificios – a veces uno solo- para dejar salir la orina y el flujo menstrual. Es lo que llamamos la infibulación, que es el caso más extremo de la escisión”

En Francia, la ley  condena la mutilación genital hasta con 30 años de prisión y 150 mil euros de multa. Pero la escisión afecta a las niñas y adolescentes de origen africano que viven en Francia pero que viajan con sus padres a África para sufrir el ritual. Se ha lanzado campañas de alerta dirigidas a las menores de edad que pudieran estar en situación de riesgo. Los mensajes publicados en medios de comunicación, redes sociales y centros educativos han frenado eficazmente un buen número de viajes que sirven a la mutilación genital pero el peligro sigue latente.

Durante estas “vacaciones” en África se producen distintos escenarios: o bien las mujeres de la familia – tías, abuelas- realizan la escisión sin el permiso de los padres con el pretexto de mantener la tradición, o  son los mismos padres quienes desean demostrar que no han sido contaminados por la “occidentalidad” francesa y que son perfectamente capaces de respetar sus costumbres ancestrales, por muy atroces que sean. Muchos incluso pretenden suavizar el efecto de la escisión argumentando que en estos nuevos tiempos se realiza en un ambiente hospitalario.
En cualquier caso, con anestesia o sin ella, con cuchillo o con bisturí, es la adolescente quien se ve mutilada de un órgano con el que nace y al que tiene derecho como todas las mujeres.

Consciente de esta práctica, Diaryatou ha convertido su terrible experiencia en activismo, creando campañas en alerta a las jóvenes africanas que viven en Francia y llegando a presidir la organización  “Excision Parlons-en”(Hablemos de la Escisión).  Incluso publicó el libro “Me robaron mi niñez” en el que relata su mutilación genital.

“En 2005 tuve la idea de escribir un libro, pero mi francés no era muy bueno… Cuando le decía a la gente lo que quería hacer… se reían porque me decían: “Cómo vas a hacer un libro si no sabes leer ni escribir?”  Una escritora, amiga de mi psicólogo, me propuso ayudarme a escribir el libro. Nos veíamos todas las semanas, yo contaba mis historias en una grabadora y ella las transcribía. Eso me abrió las puertas a un nuevo mundo donde pude participar en programas de televisión, el Salón del Libro… conocer  a la gente de medios… una nueva vida que yo no esperaba…” relata Diaryatou.

La experiencia de esta mujer guineana es un ejemplo de cómo se puede sobrevivir a la brutalidad de una mutilación y convertirla en una misión de vida. En este Día de la Mujer, compartir su historia podría cambiar el destino de 3 millones de niñas que cada año están en riesgo de sufrir la escisión. El clítoris de Diaryatou se perdió para siempre… pero muchos otros pueden salvarse.

Andreina Flores
8 de marzo de 2020. París, Francia. 

 

Todas somos Erika… o la sorpresa de encontrar los propios miedos en una celebridad

Después de un mes de mensajes, incertidumbre y sobre todo, de mis RUEGOS por obtener un espacito de conversación… aquí estamos. En un hotel de París, poco antes de la presentación de su monólogo “Tú no sabes quién soy yo”… aparece Erika de la Vega.

Risueña, hermosa, mucho más relajada de lo que cualquiera se imaginaría que un artista pudiera estar antes de salir a escena. Me saluda con dos besos – à la française – pero remata con una frase digna de una cachapa con queso de mano:  “Marica, disculpa que te haya hecho esperar… pero dale, tenemos media hora, estamos bien”.

Ante esa familiaridad de paisanas, me relajo yo también, le tomo la palabra y empezamos una conversación absolutamente personal y honesta que terminó siendo para mí un verdadero bálsamo.

Andreina: Bonsooooirrrrr… ¿Qué vamos a ver esta noche en París? ¿De qué se trata “Tú no sabes quién soy yo”?

 Erika: Esto es como una mezcla entre StandUp Comedy, monólogo… creo que es un “One Woman Show”. Yo ahí bailo, canto… pero bailo y canto mal, no vayas a creer que vas a ver algo estudiado, jejejee.  Lo cierto es que esto yo lo escribí en el 2016 y ya yo venía haciendo monólogos en mi programa de televisión que se llamaba “Erika Tipo 11” pero nunca lo había hecho con público porque siempre le tuve miedo… pero cuando llegué a Miami, vi que todo el mundo lo estaba haciendo y la gente me preguntaba “¿Cuándo es el tuyo?” … así que lo estrené en el 2016.

Lo escribí con la conciencia de que lo iba a presentar en Miami  y quería que gente de todas las nacionalidades lo viera. Entonces lo escribí en clave universal… de las redes sociales, de las cirugías plásticas, del matrimonio, de las relaciones hombre-mujer. Y no es un show feminista, es un show que muestra que estoy de parte de los hombres… o les hago creer eso.

Andreina: Todos los que estamos fuera de Venezuela, hemos tenido la necesidad de reinventarnos, así como has hecho tú. Eras – o eres todavía – una estrella de la radio y la televisión venezolana pero ahora en Miami te toca enfrentarte al público, tener al “enemigo” de frente. ¿Cómo entrar en una nueva etapa? ¿Cómo logras reinventarte?

 Erika:  Yo no siento que yo me he reinventado, yo estoy en el proceso. La idea de hacer un podcast que se llama “En Defensa Propia” para hablar de la reinvención es justamente escuchar otras experiencias para aprender como se hace.
Mira lo que a mí me pasaba: sí, yo hice radio, yo hice televisión pero ya yo no lo practico. Yo ya no estoy en la radio ni la tele, porque no hay proyectos, no hay espacios.  Y entonces me estaba pasando algo: en la biografía de mis redes sociales yo decía eso “presentadora, locutora” pero no lo estaba ejerciendo. Entonces había como… una contradicción.

Me dije: “Yo tengo que forjarme otra biografía, y tengo que poner en práctica otras  cosas para ponerlas en mi biografía. ¿Quién soy ahora? Si no estoy haciendo lo que hacía antes, entonces… ¿quién soy?”. Comenzaron todas esas reflexiones  y ese miedo al abismo de enfrentarse a la nada. Porque son las oportunidades que tú misma te tienes que forjar. Porque bueno, yo tengo muchas ideas pero llevarlas a cabo ahora en este mundo digital… donde todo es muy bonito pero en donde el presupuesto viene de tu bolsillo.

Andreina: Lo sé, lo sé…  (Lo dije casi llorando, al recordar que justamente esta entrevista no fue realizada en video por falta de presupuesto en MI bolsillo…)

Erika: Sí, tú lo sabes. Yo comencé a hacer unos videos en YouTube que me costaron mucha plata y yo decía “Esto es inviable”.

 Andreina: El  “Say Whaaaasss!”…

Erika: Exactamente.  Me decía “Estoy gastándome un platal, no se devuelve y por más que yo quiera hacer humor, tengo que conseguir un formato que no me cueste dinero y que sea interesante.”
Yo ya tengo siete años en Miami y los primeros años estuve corriendo para hacer lo que venía haciendo: radio y televisión. Yo decidí hacer mis propias cosas y ahora hago el standup comedy pero eso lo hago esporádicamente. Después de esta gira, yo paro un rato y el flujo de caja… también.  Hay que hacer otras cosas.

Andreina: No sabes cuánto me consuela escucharte… te lo juro!!

 Erika:  Es que todas andamos en lo mismo! Los que hacemos contenido digital sabemos que es un problema. El presupuesto, patrocinantes… no solamente hacer el contenido sino salir a venderlo. De repente no lo quieres vender por tan poco, quieres que lo validen buenas marcas porque sientes que tu contenido vale más.

Vino este bajón mío de: “¿Quién soy? ¿Por qué me tengo que reinventar si yo estoy bien con lo que inventé? Yo  estuve 20 años trabajando en la radio, ya escribía, era productora ejecutiva, fui creciendo…” Todo eso se transforma en humo cuando estás buscando chamba en los canales de televisión porque te dicen “Ah qué bien… aquí hay una mexicana que hizo tres programas más que tú…”.

Andreina:  Erika, yo habría dicho que en Miami te estaban esperando con los brazos abiertos…

 Erika: ¡Yo también! Tuve oportunidades buenas: hice la cobertura digital de un programa que conducía Lucero, hice un programa de humor con Boris Izaguirre pero cuando todo eso se acabó, aposté por mis cosas. Pero apostar por tus cosas significa más trabajo y más organización. Y yo no soy una mujer estructurada, soy una mujer creativa pero necesito a alguien que me ayude a operar. Pero luego de treinta conversaciones con el podcast “En Defensa Propia”, el feedback de la gente en las redes era “Gracias, Erika, no estoy sola”.

Andreina:  Que es exactamente lo que yo estoy sintiendo en este momento…

 Erika: Este podcast me hizo reencontrarme conmigo misma, reencontrarme con lo femenino. Siempre he tenido mucha energía masculina, pero este proyecto me ha hecho sentir el brillo de la feminidad. De ver como alguien que tuvo una idea en el suelo de la cocina y se convirtió en una gran marca. Me empecé a enamorar de la mujer en ese sentido.

Andreina: “Erika, ¿qué dice tu hijo Matías cuando te ve en las redes, en los videos, en el escenario… qué dice de “mamá”?

 Erika: El no sabe que su mamá es tan cómica … porque soy un poco gorila. Bueno, una es mamá, una tiene que criar un niño. Creo que lo concientiza desde sus once años, me dice “Break a Leg”, está pendiente de si fue sold out o no… a veces me dice “Mami, tú no das risa”…

Andreina: “Gracias, hijo…”

Erika: En Venezuela, él siempre estuvo muy consciente e mi trabajo, veía que me pedían fotos. Cuando nos fuimos a vivir a Miami, él tenía cuatro años y me decía “Mami, pero, ¿aquí no te conocen, no?”. El entiende mi trabajo y cuando me quiere insultar me dice que soy un “ama de casa”. Y yo le digo “Mira!!! No me digas eso!!!”.

 Andreina: No sé si vas a odiar mi pregunta, quizás sí… En estos días, la foto de Brad Pitt y Jennifer Aniston le dio la vuelta al mundo… y la gente decía “Ayyyyy pero qué bonitos se ven juntos, nunca debieron separarseeee”. Y yo pensaba: “Esto es lo que Erika debe sentir cada vez que la gente se acuerda de ella y de Capriles”. ¿No estás cansada de que la gente te siga asociando con Capriles yo-no-sé-cuantos años después???

 Erika: No, yo me río de eso. Está en mi StandUp. Creo que fue una parte de mi vida que fue muy pública y ya me puedo reír. Él va a ser papá también y yo me alegré mucho. Yo tengo una excelente relación con su familia y todos ellos fueron a ver mi show en Nueva York… y se rieron de todos los chistes de Henrique.

Fíjate que su mamá, tan bella Mónica, me dijo: “Ya entiendo por qué no te casaste con Henrique… porque no hubieras podido hacer lo que estás haciendo y es tan bueno. Habría sido una lástima que no pudieras hacerlo.” Y para mí fue un cierre de relación con ella.

Siempre he quedado bien con mis “exesssss”…  Carlos Baute también me fue a ver a Madrid. No puedo dejar de sentir algo bonito por alguien que fue importante en mi vida.

Andreina:  Erika, tú hablas de todos los sueños de la gente que entrevistas pero…  ¿cuáles son tus sueños? ¿Qué viene ahora? ¿Qué está dando vueltas en tu cabeza en este momento?

 Erika: Yo quiero hacer crecer la temática del podcast. Quiero desarrollar una plataforma para que nos ayudemos entre todas, para dar herramientas para sobrellevar la vida. Y como yo lo estoy aprendiendo, quiero crear una plataforma para crear una comunidad, para hacer conexiones. Quiero sacar de aquí un libro. Quiero hacer cosas que no estén necesariamente relacionadas con el humor. Me di cuenta que hay que abrir el corazón y decir verdades que no estén barnizadas por el humor…

Andreina: Quiero agradecerte tu honestidad, que hayas abierto el corazón de esta manera. Yo seguiré escuchándote y viendo tus fotos. Fue un gustazo!!!

 Pero lo que yo no sabía en ese momento era que la entrevista era sólo LA MITAD de ese gustazo. La otra mitad fue verla en escena durante su monólogo “Tú no sabes quien soy yo” donde Erika baila, brinca, se tira al piso, canta y se mete a todo el mundo en el bolsillo. Fue difícil fotografiarla… nunca se quedaba quieta!!! Las imágenes que acompañan esta conversa son sólo una cucharadita de la energía que derramó esa noche.

Gracias, Erika. Eres bienvenida en París cuando quieras.

Fotos: Andreina Flores

 

 ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUI:

 

Cenando con el “enemigo”


Una comida inusual, sin duda. La cocina es una fogata hecha con la madera de una cama vieja, encendida en pleno barro, luego de la lluvia de esta tarde. Una estufa de cuatro palos que sostienen una olla comunal, en medio del sucio, el humo de los carros y la mirada de asco de la gente.

Si miro discretamente hacia la izquierda, pasan dos ratas corriendo entre las tiendas de campaña. “Mira, como en la película Ratatouille…” me digo a mí misma en voz baja, para no pegar un grito histérico.
Muy lejanos me parecen ahora el restaurante de la Ópera y el boeuf bourguignon. El manjar de hoy en el campamento de migrantes de París es granos en salsa y pan. Como entrada, papitas Frito-Lay.

“¿Y qué coño hago yo aquí?” es la pregunta del millón.

La verdad es que no estoy segura. Supongo que se trata de escuchar historias, hacer una que otra foto pero, sobre todo, mostrar un poco de empatía en medio de una realidad durísima para mis “compañeros de mesa” que esperan ser desalojados en la madrugada. Son los siguientes en la lista.

Hoy se completó la evacuación del campamento de migrantes de  Porte de la Chapelle, al norte de París. Más de 1600 extranjeros (afganos, sirios y africanos) que buscan asilo en Francia fueron desalojados de las tiendas de campaña y trasladados a 15 gimnasios cubiertos y dotados de calefacción. Sí, tal como en Game of Thrones… Winter is coming in Paris también.

A partir de ahora, grupos permanentes de policías patrullarán la zona de La Chapelle para que no se vuelvan a formar los bosques de tiendas de campaña. Y es que la reincidencia es tenaz:  esta es la vez número 59 que las autoridades francesas desmantelan los campos de migrantes de París.

Y sin ser pitonisa, me atrevo a decir que se formarán mil veces más.

Y explicaré por qué:  Jani es afgano y llegó a Francia hace cuatro meses, huyendo del régimen talibán. A sus 26 años, ha visto la guerra de cerca y su familia es víctima directa.

Mientras nuestra cena se prepara y comienza a oler sorprendentemente sabroso…  convenzo a Jani para que me cuente su caso.
Con voz  firme pero con los ojos húmedos, empieza a hablar de “esos animales”. Me relata que su hermano fue herido con un cuchillo por los talibanes… pero su francés precario, aderezado con acento afgano, me hace perder detalles importantes. La verdad es que estoy entendiendo sólo la mitad de lo que me dice.

Jani se da cuenta y para de hablar. Saca su teléfono, busca en sus archivos y me muestra la foto de su hermano muerto, rajado en cuatro partes por miembros del régimen talibán.

“Esos animales…” vuelve a decir.

Yo me quedo helada. Sólo logro balbucear un inútil “lo siento”.

Una imagen como esa es la que te explica con sangre  por qué los campamentos volverán a formarse mil veces. Sirios, afganos, malíes, somalíes y más seguirán llegando a Francia para escapar de una suerte terrible en sus países.

Y sin estar del lado de nadie en particular, puedo entender perfectamente la necesidad de desalojo. El deseo de recuperar espacios que estén libres de miseria y suciedad. Yo entiendo muy bien que nadie quiera una ciudadela de carpas frente a su casa… como yo tampoco quiero ver más a Alexandre, el viejo borracho que se sienta en el banco de mi calle a maldecir a quien pasa por el frente y deja todas las noches unas cuatro botellas de whiskey.

Los parisinos tienen miedo de los migrantes de campamentos.  Y desde su perspectiva, tienen razón: no saben quiénes son, nunca los han escuchado.

Justo hoy vi un “reportaje” de una periodista francesa que prometía “mostrar la realidad de los campamentos” pero que jamás se bajó del carro. En lugar de eso, entrevistó a los vecinos de los alrededores que, obviamente, alimentaron mucho más el miedo hacia los migrantes.

Sentí vergüenza de mi profesión.

Hoy se habla de más de “1600 migrantes evacuados”, sin nombres, sin rostro. Una fila, un autobús, un montón de tiendas arrancadas. Para mí, que tengo meses visitándolos, haciéndoles retratos individuales y hablando con ellos, son Ahmed, Muhammad, Jani, Abbas, Ylhya, Hamda, Afrasiab…

Los que me ceden la mejor silla y, en su absoluta precariedad, comparten su cena conmigo.

Sin miedo.

 

Luis Carlos, del blog al SEBIN

Luis Carlos cafe editadaBarquisimeto, agosto de 2006

Mi amiga y profesora Karelia de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto: “Andre, no tenemos presupuesto para alojar al ponente del evento sobre los Blogs. Tú crees que puedas alojarlo en tu casa?”

Yo: “Chama, pero ¿cómo voy yo a meter a un desconocido en mi casa, así como así? Cómo es que se llama el tipo…?”

Karelia: Luis Carlos Díaz. Es pana, ya vas a ver.

Yo: Ustedes sí inventan de verdad. Bueno, dile que sí. Pero yo no tengo cama adicional, lo que tengo son unos colchones…

Karelia: No vale, a él no le importa. Él es un tipo bien…

Luis Carlos llegó a mi casa de Barquisimeto una semana después. Dos completos desconocidos compartiendo los espacios. La casa, la computadora, el baño, la cafetera y el inicio de una de las mejores amistades de mi vida.
No tuvo problema en dormir en los colchones en el piso ni lavar los platos del desayuno. Me decía: “No soy invitado, soy un refugiado”. Pero vaya que era un refugiado de alto nivel.

Luis Carlos era uno de esos niños genios que todo lo saben desde que tienen 12 años, y en esa ocasión del 2006 venía a hablar de una herramienta de infociudadanía que nos tenía a todos eufóricos: los blogs. Lo escuchábamos encantados de ver cómo se movía hábilmente por las letras y la web… y más aún de verlo evangelizando a diestra y siniestra sobre el poder de las redes.

No existía Twitter, ni Facebook, ni Instagram. Pero ya Luis Carlos lo sabía. Sabía que el futuro era ese tejido de redes digitales a lo McLuhan. Entendía perfectamente las dimensiones que la aldea global tomaría y desde 2006 le apostaba la vida a eso.

Andreina y Luis Carlos editada vieja

Luis Carlos fue el único bicho raro que, durante las protestas por el cierre de RCTV en 2007, mostraba una pancarta que decía “Abre tu blog”. Un mensaje premonitorio que nadie entendió en ese momento pero que hoy todos practican. Hoy hacemos microblogging desde nuestros propios medios, superando incluso a los moderados (y cobardes) canales tradicionales. Hacemos ruido, exigimos a las autoridades, organizamos movimientos. Somos un poder.

Luis Carlos apostó y ganó.
Ganó tanto que ahora está en la mira del gobierno. Pasó una noche en la cárcel porque levanta opinión, explica, instruye y motiva. El SEBIN lo golpea porque es la antítesis de la dictadura. Porque lejos de crear un apagón – como se le acusa – te da luces para que sigas informando y diciendo lo que piensas.

Vaya hasta él mi abrazo solidario de periodista y amiga, mi aplauso por hacer lo que le apasiona, aunque el riesgo sea enorme.
Seguimos pa’lante, mi refugiado.

Nota: el que se burle de mi sonrisa férrea lo bloqueo, avisao.

Murió el Profe

 

Wil Riera (2)

“Buenos días, bienvenidos a la clase de Documentalismo…” fueron las palabras que escuché de Wil Riera por primera vez en la escuela de fotografía de Roberto Mata.
A partir de ahí, fue “El Profe”.

Entre historias de Cartier-Bresson, Sebastiao Salgado y James Nachtwey comenzó nuestra amistad. Un poco accidentada al principio: yo hacía 1.200 fotos en una sesión y él opinaba que sólo había unas diez que “pudieran funcionar”. Pero nos tomamos cariño, como suele suceder en esas extrañas relaciones académicas donde el profesor destroza el trabajo del alumno y este, en vez de desmotivarse y abandonar, quiere más golpes. A lo Whiplash.

Wil era un perro verde, un bicho raro. Un tipo que podía amar la salida del sol y al mismo tiempo odiar al mundo entero. Un chamo apasionado de la fotografía y ladillado de las personas. De palabra sincera que rayaba en lo hiriente. Un chico migraña, pues.
Pero así lo queríamos todos. Lo queremos todos.

Así compartimos salón y calle. Profesor y alumna en la escuela, colegas fotoperiodistas en las manifestaciones de 2017.
Recuerdo haberle dado un chaleco anti-balas que tenía guardado en el closet porque me mortificaba que saliera herido: “Aquí tienes, mijito, antes de que te den un tiro”.

Luego descubriríamos otras similitudes: barquisimetanos ambos, cabudareños, seguidores de la Divina Pastora y hasta una grata coincidencia: mi hermano Ricardo había estudiado con él en la universidad. Vaya, el mundo es un pañuelo. Y Barquisimeto sigue pariendo talentos que se encuentran como imanes en el mundo.
A partir de ahí, los más panas.

Recuerdo varias noches en las que lo llamaba sin avisar a golpe de 11pm para hacerle preguntas de niña rosa como: “¿Por qué los hombres son así? ¿Por qué te dicen que te quieren y te dejan botada…?”
Y él se reía.
Entre comentarios ácidos y un análisis antropológico, me escuchaba con paciencia hasta la 1 de la mañana.

Wil Riera fue uno de los únicos dos amigos que vinieron a mi casa antes de irme a Francia. “Vamos a tomarnos unas birras porque yo sé que no vas a volver. Ya te compré tus Smirnoff Ice.” me dijo.
Ahí, sentados a la mesa, después de cuatro tragos, le dije: “Profe, véngase a Francia y de ahí nos vamos a la isla de Lesbos, en Grecia, para hacerle fotos a los migrantes que llegan de África. Usted se ganará el World Press Photo y yo tendré una que otra buena imagen para colgar en mi Instagram”.
El: “Sí va.”

Esa fue la última vez que nos vimos. Si alguien me hubiera dicho que Wil iba a morir hoy, sólo un año y medio después, yo misma le habría puesto un ojo morado al mensajero, por atreverse a desearle mal a un tipo encantador de apenas 36 años.

Wil sufriría un ACV en junio de 2018 del que no se recuperaría nunca. El amor de los amigos, de su familia y las ganas de que se levantara de la cama no fueron suficientes. Vimos a Wil recuperar ciertos movimientos, ciertas facultades. Incluso ya hablábamos por WhatsApp y nos mandábamos fotos. Él publicaba en redes y hasta vendió un proyecto fotográfico a un periódico internacional. Increíble. “Chamo, estás en coma y estás publicando más que yo” me atreví a decirle.
Y él se reía.

Pero la mejoría se detuvo en seco esta mañana y la noticia llegó hasta París: “Wil murió”.

Mierda. Pienso en sus padres, en sus amigos, en sus alumnos. En todas las fotos que hizo y las que no hará nunca.
Pienso en lo valiente que había sido en cambiar su carrera de ingeniero y convertirse en fotógrafo, para darle inicio a una vida más aventurera, antes de que le pasaran 30 años por encima con una profesión que no lo llenaba.

Pienso, entre lágrimas, que pudo haber vivido 50 años más y ser un enorme personaje de la fotografía mundial. Pero me alivia saber que deja un excelente trabajo tras de sí y un montón de enseñanzas que no mueren.

Y lo sé porque ahora que me he atrevido a desarrollar un proyecto fotográfico sobre los migrantes en Francia… juro que, cada vez que tomo una imagen, la voz de Wil resuena destrozándola: “Está sobreexpuesta, no sirve”, “Esa es una foto de rutina, no transmite nada” y así… un rosario de regaños que hoy me encantaría escuchar en persona.

No se me olvida nuestro pacto, profe: yo iré a Lesbos… y usted estará ahí conmigo.

Andreina Flores

El ojo del millardito

AlejandroAndrade

Ex-tesorero de la Nación, presidente del BANDES, sub-secretario de la Constituyente del 99, participante activo del golpe fallido de 1992, guardaespaldas y protegido de Chávez desde que tuvo “la suerte” de que su “Comandante Eterno” le vaciara un ojo jugando chapita.

Hablamos de “El Tuerto Andrade”. Una joya de la revolución rojita que hoy ha sido condenado a 10 años de cárcel por una Corte Federal estadounidense, acusado de lavado de dinero.
Salió barato, en mi opinión.

Y es que, viéndose contra la pared, Andrade prefirió declararse culpable el pasado 20 de noviembre y cantar hasta por el ojo cuando las autoridades norteamericanas lo sentaron en el banquillo para que confesara su enriquecimiento desbordado y grosero. No tenía opción… joder, es que es muy difícil esconder 60 caballos, un Porsche, un Bentley, tres Mercedes Benz, dos aviones, 6 mansiones y ser vecino de Bill Gates.

Dice el Departamento de Justicia de EEUU, en un comunicado oficial, que Andrade admitió haber recibido más de MIL MILLONES de DÓLARES en sobornos provenientes de las cuentas de Raúl Gorrín (el dueño de Globovisión) y otros “socios” para que el gobierno les asignara el manejo de transacciones de cambio de moneda extranjera a precios irrisorios.
Esos sobornos fueron entregados a Andrade en efectivo y en bienes de lujo como aviones privados, carros, casas, caballos de carrera y relojes de alta gama. Como parte del acuerdo logrado con la justicia estadounidense, Andrade accedió al decomiso de 1 millardo de dólares y de todos los bienes relacionados con el sistema corrupto en el que delinquió.
No quiero ni sacar la cuenta de cómo se habría podido dotar el hospital infantil JM de los Ríos con esos mil millones de dólares. O el de Coche. O el universitario. O un montón de escuelas. O en comida. O en algo más que los lujos de un hijo de puta que se hizo rico a costa de la nación entera.

Es una lástima que esas cuentas judiciales las esté cobrando un país extranjero, visto que el nuestro apenas está despertando en boca del fiscal Tarek William Saab para pedir la extradición de Andrade. No en un intento de hacer justicia contra un ladrón sino para proteger al panita de tener que pagar cárcel en otro país donde las sentencias sí se cumplen.

Los diez años de condena parecen insuficientes… pero vaya que encienden la luz al final del túnel. Así caerán todos.
Digan amén.

Andreina Flores

Gledys Ibarra, inmigrante en París

Gledys-11

Texto y fotos:  Andreina Flores

Gledys… la de siempre, la negra de ojazos verdes. Eloína Rangel, Luna Camacho, Patria Mía, la Encarnación de Pobre Negro, la misma de nuestros viejos televisores a las nueve de la noche.

Esta vez, bien plantada en un decorado distinto. Gledys llegó a París para presentar su monólogo “La inmigrante”, un guiño a la vida de Kassandra – una venezolana que también lleva nombre de novela – que sufre y aprende a golpes ese proceso en el que estamos miles de criollos ahora: la migración.

Pero no sólo habla de Kassandra. También habla de ella misma. De sus temores, de sus esfuerzos para reinventarse en Londres, de la reciente pérdida de su hija, de sus esperanzas para Venezuela.

Una conversación que me regaló con una confianza rebosante de calor, como quien le cuenta su vida a una amiga entrañable. Al menos así me sentí yo por un rato…

“Este es un texto que tiene mucho en común en este momento con los venezolanos que están fuera de nuestra patria…”  comienza Gledys –  “y también para los que están dentro porque ellos también están en una tierra totalmente desconocida. El detalle que tiene esta pieza es que invita a asomarse por un huequito a lo que es la vida de una actriz fuera de su país, intentando hacer algo fuera de su país, donde ya ha logrado algo.  Kassandra está desquiciada, tratando de reacomodar su vida y tratando de reconstruir sobre algo que ya trae de su país. ¡Y tratando de controlarse! Toma valeriana para calmarse los nervios. Toda la situación la tiene muy fuera de sí pero sin embargo, trata de sobreponerse.”

Cuéntanos ahora de ti, de Gledys… ¿Dónde estás viviendo? ¿Cómo ha sido para ti ese proceso de ser extranjera?

Yo estoy casada con un inglés, tengo once años con mi marido pero había estado muy renuente a irme a Gran Bretaña, a pesar de que Peter Brooks dijo en algún momento que si “el mundo fuera un país, Londres sería el teatro de ese país…”

Caíste donde era, entonces…

Caí donde era, caí donde era. Y bueno, no me da pena confesar que cuando yo llegué a Gran Bretaña, después de estar muy renuente, me compré un libro llamado “Contacts” que tiene toda la industria dentro de sus páginas. Y yo enviaba muchos correos diarios a los jefes de casting, a los teatros… anexando un currículum, fotografías y un demo reel, diciéndoles que si en algún momento necesitaban a alguien con mi perfil, yo estaba totalmente a la orden. Yo mandé, no sé… creo que tres mil correos electrónicos.

Mi esposo llegaba del trabajo y me decía: “Pero Gledys, tú no tienes necesidad de hacer eso, quédate tranquila…”  pero yo sentía que yo tenía que honrar mi carrera porque yo no he sido otra cosa que actriz y Venezuela me dio una oportunidad de formarme en todos los ámbitos que tienen que ver con mi trabajo y eso yo no lo puedo dejar al abandono.  Seis meses después, recibí un correo de un teatro en Londres, haciéndome una invitación a audicionar para la obra “Bodas de Sangre”, que es una pieza de Lorca que yo conozco muy bien.

Yo hice mi audición y después me enteré que todo ese elenco estaba completo pero que cuando recibieron mi correo, no querían dejar de verme para tenerme pendiente para otras audiciones. Sin embargo, más adelante me llamaron para decirme que no querían dejarme fuera del elenco… ¡Yo estaba feliz! No lo podía creer. Yo veía por la ventana desde los ensayos y veía los autobuses rojos y Londres en sí… y decía “Dios mío, dale un amén a esto, que se repita”.

Y así fue. Me llamaron para enviarme un libreto de la obra de “La Tortuga de Darwin” de Juan Mayorga, un dramaturgo muy importante. Es la historia de una tortuga de la Islas Galápagos que muta en una mujer. El segundo correo electrónico fue: “Queremos invitarte a que hagas la tortuga”.  Un año después, me valió el premio que recibí hace algunas semanas, que fue el premio a la mejor interpretación latina de Londres en el año 2017.

Qué orgullo, Gledys. ¿Viste que mandar correos al final sí pagó, no?

Gledys se ríe a carcajadas de saber que tres mil correos no son ningún obstáculo cuando te encaminan hacia un merecido premio en el teatro del mundo. Pero hay más: este año se quitó de la cabeza la barrera del idioma. Buscó un coach, se preparó y se presentó en el casting para “Yerma” de García Lorca… en inglés. No había escapatoria: el rol de La Hechicera es ahora suyo.

En una especie de mini-función privada, le pido a Gledys que me recite algo de su personaje en inglés. Levanta el mentón, abre los brazos y se lanza:

If you come to see the saint
Pray that your womb will open
don’t  wear a veil of mourning
wear your softest, finest linen…

 

Para mí es una visión: Gledys Ibarra dominando el mundo desde las tablas de un teatro en Londres. Eloína Rangel hablando inglés. Y con ella toda Venezuela.

Gledys-2

Y aún con la escarcha londinense sobre las pestañas, decidimos echar 25 años atrás y recordar “Por estas calles”, sin olvidar la vigencia que sigue teniendo en 2018…

“No, no es un recuerdo” – dice Gledys-  “Ahora se está padeciendo lo que estaba comenzando a ser la enfermedad de un país y que definitivamente terminó carcomiendo la carne sana de ese país. La prueba palpable de que había una situación distinta en aquella época es que una novela por estas calles se pudo hacer. El personaje de Eloína Rangel partió mi carrera en dos. Eloína era tan cercana a la realidad de la gente. El público sintió que cada lágrima de ella era su propia lágrima. Es la representación de la mujer de un país.”

En este punto de la conversación con Gledys, tengo que decidir si tomo un riesgo importante: hablar de la pérdida de su hija, quien murió de cáncer en febrero de este año. Sugar Felicidad, una mujer de 39 años que deja dos hijas adolescentes y una madre inconsolable.

No quiero hacer la pregunta pero… estoy aquí con ella en París, en esta tertulia tan íntima que no quiero dejar pasar la oportunidad de conocer ese aspecto de su vida personal. Finalmente, abro la boca:

Gledys… sé que este año sufriste una pérdida importante: la de tu hija. Quería hacerme solidaria contigo, con ese sentimiento. ¿Cómo vives un momento como ese…?

Apenas termino mi pregunta, los ojos de mi entrevistada se inundan, el verde se vuelve agua clara y un silencio profundo abre una brecha que no sé si será insalvable. Me siento la peor mierda de Francia, Venezuela y el mundo entero. Pero ella, más valiente, responde:

“Yo creo que una madre que pierde a su hijo queda total y absolutamente mutilada. Así uno sea solidario con el dolor ajeno, con tanto joven que se perdió en la lucha por Venezuela, por adecentar un país… siempre nos quedamos pensando en la valentía de los seres que hacen esa lucha. Ya en este punto yo me quedo pensando en la valentía de la madre. En seguir viviendo con un dolor que absolutamente nadie puede calcular. Nadie.

Mi manera de sobrellevar ese duelo en este momento es pensar que mi hija dejó dos tesoros hermosos… y ese fue un acto de generosidad que yo debo honrar también. Mi hija fue un canto a la vida. Y si en este momento está reencarnando…  la mujer a la que le toque ser su madre, va a ser una mujer… muy feliz”.

Gledys-12

Gledys, para terminar… ¿qué les dices a los venezolanos que están emigrando? A los que se van en autobús, en avión pero también a los que vemos caminando por las carreteras de Colombia, Ecuador, Perú…

“Yo creo que, en términos generales, la decisión que se tome es una decisión que hay que sacarla con dientes, con garra, con fuerza. Se toma el lugar de migración pedacito por pedacito. Yo les diría: ‘No extrañes, no sientas nostalgia porque Venezuela va a seguir allí. Margarita va a seguir allí.  Yo creo va a haber algún momento en que Venezuela va a necesitar de todas las capacidades que estamos desarrollando afuera para ponerlas al servicio del país. Anda y prepárate. ¿Qué debes hacer? ¿Nunca tuviste que trabajar en la construcción porque antes eras abogado? Pues hazlo y aprende cómo se pega bien ese bloque. A lo mejor en algún momento te toca reconstruir algo que nosotros teníamos como baluarte de nuestra ciudad…”

Y Gledys Ibarra… ¿regresará a Venezuela?

“Yo pienso que sí, quiero creer que sí. Lo único es que yo estoy ya a un bolívar de tener 60 años y lo que quiero es tranquilidad. Lo que sí me gustaría es no morirme sin ver a Venezuela libre…”

 

Escucha la entrevista de Gledys Ibarra aquí:

Volver al Bataclan

Bataclan Ruben Blades

Cuando se entra al lugar donde han muerto 90 personas en una sola noche, uno no sabe muy bien qué hacer. Hay un brote de emociones raras. Un estómago revuelto, una sonrisa nerviosa,, mil preguntas y una mirada alerta para ver quién tiene cara de terrorista, loco o asesino.

La primera en aparecer es la pregunta culpable: “¿Tengo derecho a bailar salsa sobre el mismo piso en el que estas personas fueron asesinadas? Soy una hija de puta. ¿Cómo soy capaz?”

Y luego, ese escaneo visual de 360 grados al teatro completo,  imaginándome un tiroteo eterno y un montón de sangre y gritos. Reviviendo una escena que nunca vi pero que forma parte de una película que ha rodado con mucha nitidez en mi imaginación desde noviembre del 2015.

Bajo la mirada disimuladamente y veo una mancha en el piso. “¿Será sangre? Será que no limpiaron bien y quedó esa sombra oscura para siempre? No, no. Es una veta de la madera. Cálmate”.

Un ramillete más: “¿Qué estaba haciendo Sven Alejandro – el único venezolano fallecido en esa masacre – cuando murió? ¿Estaba saltando como yo? ¿Estaba contento de estar aquí como yo?”.

A pesar de todos esos sentimientos oscuros, hay algo que siempre he admirado de los franceses… y es que se recuperan dignamente de las peores tragedias. De dos guerras mundiales, los excesos de la monarquía, el caos post-revolución y últimamente, los actos terroristas.

Plantan cara y abofetean con esto: “No les vamos a dar el gusto de quedarnos en casa. Francia no pierde su façon de vivre a causa del miedo”.

Es tan contundente su actitud que uno no tiene más opción que plegarse. Tragar grueso, bendecir a los que murieron y bailar “Pedro Navaja” en su nombre.

Amén.

@andreina