El asalto al congreso: déjà vu para los venezolanos

Caricatura del venezolano EDO. Jueves 7 de enero de 2021.

Por Andreina Flores

Una turba que rompe los vidrios del Congreso norteamericano,  que roba objetos históricos con una risa delincuente, un hombre que alardea al subir los pies en el escritorio de Nancy Pelosi o un carapintada que desafía a las fuerzas del orden con sus enormes cuernos.

Vaya espectáculo. En el mundo entero causa un rictus de repulsión. Desde Francia hasta Nueva Zelanda, los hechos han recibido una condena unánime.

Pero en el corazón político de los venezolanos estas imágenes traen también un sentimiento adicional: el recuerdo. Venezuela no puede evitar reconocer su propia historia en lo que sucedió este miércoles en Washington.

El 5 de julio de 2017, las turbas afectas al chavismo y a Nicolás Maduro violentaron los portales de la Asamblea Nacional venezolana, controlada en ese momento por la oposición. En su irrupción,  al igual que los rojos de Trump, los rojos de Chávez rompieron ventanas, puertas y cámaras de televisión. Golpearon periodistas y fueron capaces de herir a seis diputados, entre ellos Armando Armas – cuyas imágenes llenas de sangre le dieron la vuelta al mundo – y Américo de Grazia, que terminó con tres costillas fracturadas y una herida de nueve centímetros en la cabeza.

El odio y la actitud jactanciosa de quienes destrozaron el hemiciclo venezolano en 2017 es el mismo cóctel de emociones que vimos en la cara los trumpistas este miércoles en el Congreso estadounidense. Sobrados, como dirían en mi pueblo.

Para el  mundo fue motivo de estupefacción e incredulidad, para los venezolanos… un simple déjà vu. Y es que nuevamente, las similitudes entre Chávez y Trump vuelven a golpearnos los ojos. Ayer quedó claro que se parecen igualito.

Así como Trump se negó a reconocer su derrota y ha vociferado que nunca concederá la victoria a Joe Biden, así recuerdo yo el día en que Chávez recibió un fuerte rechazo electoral luego de plantear una reforma a la constitución venezolana en 2007. “Es una victoria de mierda” fue la flamante frase democrática que espetó el mandatario en ese entonces.

Pero además, están todas las estratagemas que el chavismo ha aplicado en Venezuela y que se asoman en los intentos – afortunadamente infructíferos – de Trump de aferrarse al poder. El nombramiento de amigos fieles a la cabeza del Tribunal Supremo de Justicia, el manejo oscuro del Consejo Nacional Electoral y sus procedimientos, la inhabilitación política de candidatos opositores con altas posibilidades de ganar y muy especialmente, la persecución penal contra las caras más visibles de la disidencia. No hay que olvidar que en Venezuela se cuentan ya 370 presos políticos.

Esto, sin mencionar los berrinches, las agresiones a la prensa y la hiper-comunicación por todos los flancos  en donde el “Yo” visceral comanda sin freno.

Anoche en la televisión francesa, una analista franco-estadounidense decía sin tapujos que “el ataque al Congreso podría esperarse en una república bananera pero no en Estados Unidos”. Horas más tarde, el expresidente Bush hacía una reflexión similar. Confieso que, más allá del desagrado que me produce el tono racista de una expresión como “república bananera”, la señora tenía razón.

Y justamente, lo que salva hoy a Estados Unidos del “bananerismo” es su solemne apego a las instituciones. Eso que llaman “vergüenza política”.  Es la declaración del vice-presidente Pence, rompiendo lazos con Trump al negarse a torcer la realidad de su derrota. Es un Mitch McConnell, líder republicano del Senado, advirtiendo a su jefe que no va a desautorizar a los colegios electorales porque eso “dañaría a la república para siempre”. Son los bedeles del Congreso limpiando el desastre de los invasores fanáticos de Trump para que los legisladores pudieran continuar su sesión y certificar al presidente electo. Son los 1.100 miembros de la Guardia Nacional desplegados en los alrededores del Congreso para proteger su investidura, no para hacerle el juego a un presidente enfermo de poder.

Un contraste importante con el bananero jefe militar de la Guardia Nacional venezolana, Bladimir Lugo, encargado de la seguridad de la Asamblea Nacional en 2017, quien fue cómplice y facilitador de las agresiones a los diputados.  En lugar de ser destituido ipso-facto, recibió la medalla de honor al mérito de las mismísimas manos de Nicolás Maduro, por haber gritado y empujado al presidente del Parlamento, Julio Borges.  Un contraste también con los aplausos de Diosdado Cabello, considerado el número dos del chavismo y jefe de la bancada oficialista de la asamblea, quien sonreía orgulloso de que sus militantes hicieran correr sangre en el palacio legislativo.

Esto no es un tema de ideologías políticas ni de tendencias de izquierda o de derecha porque está claro que los dos extremos se tocan. Gorra roja y boina roja son lo mismo. Esto es un tema de decencia cívica. Y ahí es donde Venezuela y Estados Unidos se desencuentran.

El manual chavista parece haber servido de hoja de ruta para el comportamiento egoísta y malcriado de Donald Trump, pero las instituciones norteamericanas mostraron ayer  que los altos responsables del orden y la democracia saben decir que NO a tiempo. Algo que no ha ocurrido en Venezuela desde hace más de veinte años y que sigue manteniendo a la dictadura bananera intacta.

Les confieso que estaré verde de envidia frente al televisor cuando Joe Biden se juramente como nuevo presidente. No porque me guste Biden sino porque me gusta la alternancia, el juego limpio, el cambio, la solemnidad y el respeto al orden nacional.

Estaré verde de envidia… de ver la democracia de lejos.

Francia: cinco años de los ataques del 13 de noviembre

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Rubén Pérez, franco -venezolano, es uno de los sobrevivientes del atentado contra el teatro Bataclan en 2015. Aquí a las puertas del sitio cinco años después. Foto: Andreina Flores

Son casi las diez de la noche del 13 de noviembre de 2015. En el famoso teatro Bataclan del centro de París, unas mil quinientas personas disfrutan a todo pulmón del concierto de Eagles of Death Metal, cuando de pronto tres hombres armados con fusiles de asalto irrumpen en el lugar gritando “Allah Akbar” y abren fuego. Inmediatamente, el suelo se llena de sangre, de cadáveres y de heridos buscando salir de ese infierno por cualquier rendija.

Ochenta y nueve personas nunca salieron con vida del lugar. Lamentablemente, no fueron los únicos. Minutos antes, otros ataques con explosivos y armas de fuego se produjeron en el Stade de France, en los restaurantes “Le Carillon”, “Petit Cambodge” y en los bares “La bonne bière” y “La Belle Équipe”. Se trata de la noche más sangrienta que se haya vivido en Francia en los últimos años, que dejó como saldo 130 fallecidos y al menos 400 heridos.

Dos sobrevivientes de esa masacre relatan su experiencia y sus impresiones sobre el terrorismo en Francia, cinco años después.

El muñequito verde: correr o morir

Rubén Pérez tiene 35 años y es franco- venezolano. El 13 de noviembre de 2015 era uno de los presentes  en el concierto de Eagles of Death Metal en el teatro Bataclan. Esa noche, luego de fingir su propia muerte tirado en el piso, logró salir de la sala con vida en un descuido de los atacantes. Su mejor amigo, Grégory Fosse, quien lo acompañaba en el espectáculo, no tuvo la misma suerte.

Hoy, cinco años después, Rubén acepta volver a las puertas del Bataclan para sentarse a conversar con nosotros sobre el atentado:

“Ya habíamos disfrutado de una hora de concierto cuando de pronto, sentimos mucho ruido, unos golpes… busqué a mis amigos pero no los veía. Se me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ‘¿Qué está pasando? ¿Este ruido forma parte del concierto? ¿Dónde están mis amigos? ¿Qué les pasa a todos?’

Lo primero que hizo la gente fue aglutinarse  en el suelo… y ahí fue que entendí que había disparos. Yo me acosté boca abajo pero quedé encima de otras personas. Todo el mundo quería estar lo más pegado al suelo posible… pero no se podía porque había mucha gente. Yo quedé en lo más alto del montón.

Yo ya había entendido que había unos atacantes en la sala… pero pensé que habían terminado de disparar y se iban a ir. Pero no. No veía nada pero sí escuché como cinco o seis disparos más y sabía muy bien que por cada disparo… moría una persona.

Además, el ruido era insoportable. Había gente llorando, gritando, había gente sufriendo de sus heridas…

Yo seguía escuchando disparos en la sala y, poco a poco, fueron acercándose a mí… creo que empecé a calcular que los terroristas estaban como a dos o tres metros de mí. Y en ese momento me dije ‘Bueno, creo que aquí me voy a morir…’

No me moví ni un centímetro. Por suerte o por no sé qué razón, el terrorista se alejó del grupo donde yo estaba. Frente a mí había otro chico que estaba acostado en el suelo pero él sí se  atrevía a mirar lo que estaba pasando. Segundos después me dijo: ‘Los terroristas están arriba. Si vamos a huir es ahora’.

Algunos se llenaron de fuerza y corrieron para esconderse detrás de la tarima. Yo levanté la cabeza y vi el símbolo de salida: el muñequito verde que indica por donde está la puerta. Yo estaba como a veinte metros pero decidí correr lo más rápido posible. Escuché disparos detrás de mí pero seguí corriendo, tratando de perseguir al muñequito verde… finalmente alcancé la puerta que me llevó a la calle”.

-¿Qué pasó después? ¿Hacia dónde fuiste? ¿Cómo te reencontraste con tu familia?

“No sabíamos muy bien a donde ir. Yo estaba con otras ocho o nueve personas y nos refugiamos en un edificio cercano al Bataclan, donde unos vecinos del cuarto piso nos abrieron la puerta. Desde allí seguíamos escuchando disparos de los terroristas y minutos después, la intervención de la policía, que fue fuerte. En el apartamento donde estábamos había internet y fue allí donde vimos que había ataques también en el Stade de France y en otros bares no muy lejos del Bataclan.

Fue un miedo inmenso porque sentíamos que estábamos en guerra, que había terroristas por todos lados. A pesar de los ataques, mi mamá me llamó y me dijo que venía a buscarme. Yo le dije que no porque con todo lo que estaba pasando en París, no quería ponerla en riesgo. Pero ella vino de todos modos. Al verme, se puso a llorar, muy nerviosa, porque yo estaba todo lleno de sangre… desde la ropa hasta los zapatos. Pero le dije: “No es mi sangre, mamá, yo estoy bien”.

  • ¿Qué pasó con tu amigo Grégory?

“Cuando por fin me sentí a salvo en ese apartamento que me recibió, empecé a preguntarme dónde estaban mis amigos. Sólo sabía que uno de ellos había logrado esconderse detrás de la tarima, pero de Grégory no sabía nada. La información era confusa en ese momento y alguien me dijo “No te preocupes, tu amigo está con la policía”. Yo me quedé tranquilo.

En la madrugada, volví con mis padres a casa, sintiéndome fortalecido porque había estado cerca de la muerte y había sobrevivido. En mi cabeza, mis amigos también habían sobrevivido.

Pero en la mañana, me di cuenta de que había un problema: en realidad nadie tenía noticias de Grégory desde la noche anterior. ‘Hay que llamar a sus padres, a la policía, para saber qué pasó’ le dije a uno de los amigos que había venido al concierto. Una hora después me dio la noticia: Grégory había muerto en el Bataclan.

En ese momento, tuve una crisis de pánico, lloré muchísimo y me di cuenta de que toda esa fuerza que yo había sentido por haber sobrevivido a la muerte… no significaba nada”.

-Rubén, estamos a las puertas del Bataclan, cinco años después de ese atentado terrorista al que tú sobreviviste. ¿Cuál es tu sentimiento hoy, que acabamos de vivir en Francia tres atentados a cuchillo en un mes?

“Este es el sitio donde he vivido la peor experiencia de mi vida. Siento que estos años han pasado rápidamente pero para mí sigue siendo una herida muy importante. Pero además, lo que está sucediendo ahora en Francia me impide hacer el duelo con calma”- confiesa Rubén.

Desafortunadamente, veo que el terrorismo no está vencido. Está quizás menos fuerte que hace cinco años pero sigue estando presente. La diferencia es que ahora los atacantes actúan solos y no se pueden prevenir todos los casos. Es muy difícil saber en qué momento vamos a tener un atentado, en qué momento alguien va a matar a otro.

La policía hace bien su trabajo aunque quizás habría que aplicar muchos más controles a la gente. Pero al mismo tiempo, Francia es el país de la libertad y yo no quiero vivir en un país donde la policía controle a sus ciudadanos todo el tiempo” – termina Rubén.

Un bello equipo

Grégory Reibenberg es propietario del bar “La Belle Équipe”, escenario del tiroteo que dejó 20 fallecidos, incluyendo a la madre de su hija. Foto: Andreina Flores

Así se llama el libro publicado en 2016 por Grégory Reibenberg, propietario del bar “La Belle Équipe”, situado a pocas cuadras de La Bastilla, en pleno corazón de París. El escenario de uno de los atentados del 13 de noviembre de 2015, cuando los terroristas Brahim Abdeslam,  Chakib Akrouh y Abdelhamid Abaaoud, abrieron una ráfaga de fuego con sus fusiles de asalto, matando a 20 personas.

En su libro, que ha resultado toda una terapia contra la rabia y la desolación de esa noche, Grégory cuenta como perdió a su ex – esposa, Djamila Houd, madre de su hija Tess, quien tenía ocho años para el momento del atentado.

Cinco años después, cuando le preguntamos a Grégory por los sucesos del 13 de noviembre, todavía levanta una barrera glacial. Evita rotundamente el tema.

“En realidad, mi relato de lo que sucedió esa noche ocupa sólo tres páginas  del libro” – dice Reibenberg. “No tengo ningún interés en contar lo que sucedió esa noche, ni antes ni después. Usted es muy simpática pero no tengo ganas de hablar de eso, no sé qué puede traer de bueno recordar ese día”- remata con firmeza.

“Sin embargo, le puedo decir que fue una escena que duró un minuto y medio. Fue como una bomba. Fue una escena de horror. Yo me convertí en el capitán de un barco que se hundió con 20 muertos a bordo”.

Además de su libro, Reibenberg encontró otra manera de reponerse del atentado: demoler “La Belle Équipe” y volver a construirla. Nada de lo que era el bar en 2015 se ha mantenido: la barra ha cambiado de ubicación, las sillas y mesas son diferentes, las paredes se han pintado de otro color y el ambiente busca contar una nueva historia.

“Para mí sigue siendo un sitio lleno de vida y yo no quería que conservara la misma forma física” – cuenta Reibenberg. “Yo no quería vivir el estrés de decir todos los días: ‘Aquí en este rincón, cayó una persona y en el de allá, cayó otra’.

¿Pensó en cambiar también el nombre de “La Belle Équipe”?

“Ni por un segundo. En menos de 48 horas decidí que había que destruir todo para volver a construir el bar pero el sitio debía permanecer bajo el mismo nombre. Queda el mismo espíritu pero con un aspecto diferente”.

Sin embargo, en una de las paredes, usted decidió rendir un discreto homenaje a las víctimas…

“Efectivamente, sobre las paredes de la terraza, yo mandé a hacer dos paneles de cristal pintados a mano, con flores de amapola, donde se pueden leer los nombres de las veinte personas fallecidas en el atentado del 13 de noviembre. Sí, es una manera de rendirles homenaje  y de tenerlas presentes con nosotros”.

¿Cuál es su sentimiento con respecto al atentado contra “La Belle Equipe” cinco años después?

“Cinco años son cinco años para usted. Para los que fuimos afectados, no representa un tiempo definido. No tengo el mismo sentido de la temporalidad. Es atemporal: es algo que pasó ayer y al mismo tiempo, pasó hace cien mil años. Ustedes piensan en eso una vez al año. Yo pienso en eso todos los días. Para nosotros, no hay fecha.

Su hija, Tess, tiene hoy trece años. ¿Cómo ha vivido estos cinco años después de la muerte de su madre?

“Mi hija, afortunadamente, está bien acompañada por su familia. Ella entendió lo que sucedió esa noche. Al principio, no creía que su mamá había muerto… tenía sólo ocho años. Pero ahora que va creciendo, hace más preguntas sobre su madre.
Sin embargo, lleva una vida normal como todas las jóvenes de su edad: las fotos, el Instagram, canta y publica vídeos. Y ahora… (se ríe antes de continuar)…  ahora tiene ganas de convertirse en oficial de policía”.

¿Cuál es su impresión al ver estos ataques a cuchillo que se han producido en Francia en las últimas semanas?

“Los ataques terroristas no van a parar de hoy para mañana. Van a continuar porque somos Francia. Porque somos el país de la libertad, porque podemos publicar una imagen de Jesucristo o de Mahoma y eso molesta a mucha gente en el resto del planeta pero para nosotros es libertad de expresión.

Hay seguridad, hay policías, hay militares. Pero no se puede detener a un loco, un iletrado, un imbécil que va por la calle dando cuchillazos a los demás. No se puede detener. Se puede poner un policía detrás de cada persona, detrás de cada profesor como Samuel Paty, eso no cambiará nada. La única forma de pelear contra eso es que todos nos armemos de valor y digamos no”. termina Grégory.

Cinco años después de los atentados del 13 de noviembre, Francia vive una nueva ola de terrorismo. Tres atentados a cuchillo se han registrado en un mes: el ataque a la vieja sede del semanario Charlie Hebdo, la decapitación del profesor Samuel Paty y, por último, el atentado en la iglesia Nuestra Señora de la Asunción en Niza, ocurrido apenas el pasado 29 de octubre.  Los tres ataques han sumado cuatro  muertos.

Las heridas de los sobrevivientes del 13 de noviembre de 2015 siguen abiertas.

Andreina Flores

París

Luis Carlos, del blog al SEBIN

Luis Carlos cafe editadaBarquisimeto, agosto de 2006

Mi amiga y profesora Karelia de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto: “Andre, no tenemos presupuesto para alojar al ponente del evento sobre los Blogs. Tú crees que puedas alojarlo en tu casa?”

Yo: “Chama, pero ¿cómo voy yo a meter a un desconocido en mi casa, así como así? Cómo es que se llama el tipo…?”

Karelia: Luis Carlos Díaz. Es pana, ya vas a ver.

Yo: Ustedes sí inventan de verdad. Bueno, dile que sí. Pero yo no tengo cama adicional, lo que tengo son unos colchones…

Karelia: No vale, a él no le importa. Él es un tipo bien…

Luis Carlos llegó a mi casa de Barquisimeto una semana después. Dos completos desconocidos compartiendo los espacios. La casa, la computadora, el baño, la cafetera y el inicio de una de las mejores amistades de mi vida.
No tuvo problema en dormir en los colchones en el piso ni lavar los platos del desayuno. Me decía: “No soy invitado, soy un refugiado”. Pero vaya que era un refugiado de alto nivel.

Luis Carlos era uno de esos niños genios que todo lo saben desde que tienen 12 años, y en esa ocasión del 2006 venía a hablar de una herramienta de infociudadanía que nos tenía a todos eufóricos: los blogs. Lo escuchábamos encantados de ver cómo se movía hábilmente por las letras y la web… y más aún de verlo evangelizando a diestra y siniestra sobre el poder de las redes.

No existía Twitter, ni Facebook, ni Instagram. Pero ya Luis Carlos lo sabía. Sabía que el futuro era ese tejido de redes digitales a lo McLuhan. Entendía perfectamente las dimensiones que la aldea global tomaría y desde 2006 le apostaba la vida a eso.

Andreina y Luis Carlos editada vieja

Luis Carlos fue el único bicho raro que, durante las protestas por el cierre de RCTV en 2007, mostraba una pancarta que decía “Abre tu blog”. Un mensaje premonitorio que nadie entendió en ese momento pero que hoy todos practican. Hoy hacemos microblogging desde nuestros propios medios, superando incluso a los moderados (y cobardes) canales tradicionales. Hacemos ruido, exigimos a las autoridades, organizamos movimientos. Somos un poder.

Luis Carlos apostó y ganó.
Ganó tanto que ahora está en la mira del gobierno. Pasó una noche en la cárcel porque levanta opinión, explica, instruye y motiva. El SEBIN lo golpea porque es la antítesis de la dictadura. Porque lejos de crear un apagón – como se le acusa – te da luces para que sigas informando y diciendo lo que piensas.

Vaya hasta él mi abrazo solidario de periodista y amiga, mi aplauso por hacer lo que le apasiona, aunque el riesgo sea enorme.
Seguimos pa’lante, mi refugiado.

Nota: el que se burle de mi sonrisa férrea lo bloqueo, avisao.

Murió el Profe

 

Wil Riera (2)

“Buenos días, bienvenidos a la clase de Documentalismo…” fueron las palabras que escuché de Wil Riera por primera vez en la escuela de fotografía de Roberto Mata.
A partir de ahí, fue “El Profe”.

Entre historias de Cartier-Bresson, Sebastiao Salgado y James Nachtwey comenzó nuestra amistad. Un poco accidentada al principio: yo hacía 1.200 fotos en una sesión y él opinaba que sólo había unas diez que “pudieran funcionar”. Pero nos tomamos cariño, como suele suceder en esas extrañas relaciones académicas donde el profesor destroza el trabajo del alumno y este, en vez de desmotivarse y abandonar, quiere más golpes. A lo Whiplash.

Wil era un perro verde, un bicho raro. Un tipo que podía amar la salida del sol y al mismo tiempo odiar al mundo entero. Un chamo apasionado de la fotografía y ladillado de las personas. De palabra sincera que rayaba en lo hiriente. Un chico migraña, pues.
Pero así lo queríamos todos. Lo queremos todos.

Así compartimos salón y calle. Profesor y alumna en la escuela, colegas fotoperiodistas en las manifestaciones de 2017.
Recuerdo haberle dado un chaleco anti-balas que tenía guardado en el closet porque me mortificaba que saliera herido: “Aquí tienes, mijito, antes de que te den un tiro”.

Luego descubriríamos otras similitudes: barquisimetanos ambos, cabudareños, seguidores de la Divina Pastora y hasta una grata coincidencia: mi hermano Ricardo había estudiado con él en la universidad. Vaya, el mundo es un pañuelo. Y Barquisimeto sigue pariendo talentos que se encuentran como imanes en el mundo.
A partir de ahí, los más panas.

Recuerdo varias noches en las que lo llamaba sin avisar a golpe de 11pm para hacerle preguntas de niña rosa como: “¿Por qué los hombres son así? ¿Por qué te dicen que te quieren y te dejan botada…?”
Y él se reía.
Entre comentarios ácidos y un análisis antropológico, me escuchaba con paciencia hasta la 1 de la mañana.

Wil Riera fue uno de los únicos dos amigos que vinieron a mi casa antes de irme a Francia. “Vamos a tomarnos unas birras porque yo sé que no vas a volver. Ya te compré tus Smirnoff Ice.” me dijo.
Ahí, sentados a la mesa, después de cuatro tragos, le dije: “Profe, véngase a Francia y de ahí nos vamos a la isla de Lesbos, en Grecia, para hacerle fotos a los migrantes que llegan de África. Usted se ganará el World Press Photo y yo tendré una que otra buena imagen para colgar en mi Instagram”.
El: “Sí va.”

Esa fue la última vez que nos vimos. Si alguien me hubiera dicho que Wil iba a morir hoy, sólo un año y medio después, yo misma le habría puesto un ojo morado al mensajero, por atreverse a desearle mal a un tipo encantador de apenas 36 años.

Wil sufriría un ACV en junio de 2018 del que no se recuperaría nunca. El amor de los amigos, de su familia y las ganas de que se levantara de la cama no fueron suficientes. Vimos a Wil recuperar ciertos movimientos, ciertas facultades. Incluso ya hablábamos por WhatsApp y nos mandábamos fotos. Él publicaba en redes y hasta vendió un proyecto fotográfico a un periódico internacional. Increíble. “Chamo, estás en coma y estás publicando más que yo” me atreví a decirle.
Y él se reía.

Pero la mejoría se detuvo en seco esta mañana y la noticia llegó hasta París: “Wil murió”.

Mierda. Pienso en sus padres, en sus amigos, en sus alumnos. En todas las fotos que hizo y las que no hará nunca.
Pienso en lo valiente que había sido en cambiar su carrera de ingeniero y convertirse en fotógrafo, para darle inicio a una vida más aventurera, antes de que le pasaran 30 años por encima con una profesión que no lo llenaba.

Pienso, entre lágrimas, que pudo haber vivido 50 años más y ser un enorme personaje de la fotografía mundial. Pero me alivia saber que deja un excelente trabajo tras de sí y un montón de enseñanzas que no mueren.

Y lo sé porque ahora que me he atrevido a desarrollar un proyecto fotográfico sobre los migrantes en Francia… juro que, cada vez que tomo una imagen, la voz de Wil resuena destrozándola: “Está sobreexpuesta, no sirve”, “Esa es una foto de rutina, no transmite nada” y así… un rosario de regaños que hoy me encantaría escuchar en persona.

No se me olvida nuestro pacto, profe: yo iré a Lesbos… y usted estará ahí conmigo.

Andreina Flores

Gledys Ibarra, inmigrante en París

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Texto y fotos:  Andreina Flores

Gledys… la de siempre, la negra de ojazos verdes. Eloína Rangel, Luna Camacho, Patria Mía, la Encarnación de Pobre Negro, la misma de nuestros viejos televisores a las nueve de la noche.

Esta vez, bien plantada en un decorado distinto. Gledys llegó a París para presentar su monólogo “La inmigrante”, un guiño a la vida de Kassandra – una venezolana que también lleva nombre de novela – que sufre y aprende a golpes ese proceso en el que estamos miles de criollos ahora: la migración.

Pero no sólo habla de Kassandra. También habla de ella misma. De sus temores, de sus esfuerzos para reinventarse en Londres, de la reciente pérdida de su hija, de sus esperanzas para Venezuela.

Una conversación que me regaló con una confianza rebosante de calor, como quien le cuenta su vida a una amiga entrañable. Al menos así me sentí yo por un rato…

“Este es un texto que tiene mucho en común en este momento con los venezolanos que están fuera de nuestra patria…”  comienza Gledys –  “y también para los que están dentro porque ellos también están en una tierra totalmente desconocida. El detalle que tiene esta pieza es que invita a asomarse por un huequito a lo que es la vida de una actriz fuera de su país, intentando hacer algo fuera de su país, donde ya ha logrado algo.  Kassandra está desquiciada, tratando de reacomodar su vida y tratando de reconstruir sobre algo que ya trae de su país. ¡Y tratando de controlarse! Toma valeriana para calmarse los nervios. Toda la situación la tiene muy fuera de sí pero sin embargo, trata de sobreponerse.”

Cuéntanos ahora de ti, de Gledys… ¿Dónde estás viviendo? ¿Cómo ha sido para ti ese proceso de ser extranjera?

Yo estoy casada con un inglés, tengo once años con mi marido pero había estado muy renuente a irme a Gran Bretaña, a pesar de que Peter Brooks dijo en algún momento que si “el mundo fuera un país, Londres sería el teatro de ese país…”

Caíste donde era, entonces…

Caí donde era, caí donde era. Y bueno, no me da pena confesar que cuando yo llegué a Gran Bretaña, después de estar muy renuente, me compré un libro llamado “Contacts” que tiene toda la industria dentro de sus páginas. Y yo enviaba muchos correos diarios a los jefes de casting, a los teatros… anexando un currículum, fotografías y un demo reel, diciéndoles que si en algún momento necesitaban a alguien con mi perfil, yo estaba totalmente a la orden. Yo mandé, no sé… creo que tres mil correos electrónicos.

Mi esposo llegaba del trabajo y me decía: “Pero Gledys, tú no tienes necesidad de hacer eso, quédate tranquila…”  pero yo sentía que yo tenía que honrar mi carrera porque yo no he sido otra cosa que actriz y Venezuela me dio una oportunidad de formarme en todos los ámbitos que tienen que ver con mi trabajo y eso yo no lo puedo dejar al abandono.  Seis meses después, recibí un correo de un teatro en Londres, haciéndome una invitación a audicionar para la obra “Bodas de Sangre”, que es una pieza de Lorca que yo conozco muy bien.

Yo hice mi audición y después me enteré que todo ese elenco estaba completo pero que cuando recibieron mi correo, no querían dejar de verme para tenerme pendiente para otras audiciones. Sin embargo, más adelante me llamaron para decirme que no querían dejarme fuera del elenco… ¡Yo estaba feliz! No lo podía creer. Yo veía por la ventana desde los ensayos y veía los autobuses rojos y Londres en sí… y decía “Dios mío, dale un amén a esto, que se repita”.

Y así fue. Me llamaron para enviarme un libreto de la obra de “La Tortuga de Darwin” de Juan Mayorga, un dramaturgo muy importante. Es la historia de una tortuga de la Islas Galápagos que muta en una mujer. El segundo correo electrónico fue: “Queremos invitarte a que hagas la tortuga”.  Un año después, me valió el premio que recibí hace algunas semanas, que fue el premio a la mejor interpretación latina de Londres en el año 2017.

Qué orgullo, Gledys. ¿Viste que mandar correos al final sí pagó, no?

Gledys se ríe a carcajadas de saber que tres mil correos no son ningún obstáculo cuando te encaminan hacia un merecido premio en el teatro del mundo. Pero hay más: este año se quitó de la cabeza la barrera del idioma. Buscó un coach, se preparó y se presentó en el casting para “Yerma” de García Lorca… en inglés. No había escapatoria: el rol de La Hechicera es ahora suyo.

En una especie de mini-función privada, le pido a Gledys que me recite algo de su personaje en inglés. Levanta el mentón, abre los brazos y se lanza:

If you come to see the saint
Pray that your womb will open
don’t  wear a veil of mourning
wear your softest, finest linen…

 

Para mí es una visión: Gledys Ibarra dominando el mundo desde las tablas de un teatro en Londres. Eloína Rangel hablando inglés. Y con ella toda Venezuela.

Gledys-2

Y aún con la escarcha londinense sobre las pestañas, decidimos echar 25 años atrás y recordar “Por estas calles”, sin olvidar la vigencia que sigue teniendo en 2018…

“No, no es un recuerdo” – dice Gledys-  “Ahora se está padeciendo lo que estaba comenzando a ser la enfermedad de un país y que definitivamente terminó carcomiendo la carne sana de ese país. La prueba palpable de que había una situación distinta en aquella época es que una novela por estas calles se pudo hacer. El personaje de Eloína Rangel partió mi carrera en dos. Eloína era tan cercana a la realidad de la gente. El público sintió que cada lágrima de ella era su propia lágrima. Es la representación de la mujer de un país.”

En este punto de la conversación con Gledys, tengo que decidir si tomo un riesgo importante: hablar de la pérdida de su hija, quien murió de cáncer en febrero de este año. Sugar Felicidad, una mujer de 39 años que deja dos hijas adolescentes y una madre inconsolable.

No quiero hacer la pregunta pero… estoy aquí con ella en París, en esta tertulia tan íntima que no quiero dejar pasar la oportunidad de conocer ese aspecto de su vida personal. Finalmente, abro la boca:

Gledys… sé que este año sufriste una pérdida importante: la de tu hija. Quería hacerme solidaria contigo, con ese sentimiento. ¿Cómo vives un momento como ese…?

Apenas termino mi pregunta, los ojos de mi entrevistada se inundan, el verde se vuelve agua clara y un silencio profundo abre una brecha que no sé si será insalvable. Me siento la peor mierda de Francia, Venezuela y el mundo entero. Pero ella, más valiente, responde:

“Yo creo que una madre que pierde a su hijo queda total y absolutamente mutilada. Así uno sea solidario con el dolor ajeno, con tanto joven que se perdió en la lucha por Venezuela, por adecentar un país… siempre nos quedamos pensando en la valentía de los seres que hacen esa lucha. Ya en este punto yo me quedo pensando en la valentía de la madre. En seguir viviendo con un dolor que absolutamente nadie puede calcular. Nadie.

Mi manera de sobrellevar ese duelo en este momento es pensar que mi hija dejó dos tesoros hermosos… y ese fue un acto de generosidad que yo debo honrar también. Mi hija fue un canto a la vida. Y si en este momento está reencarnando…  la mujer a la que le toque ser su madre, va a ser una mujer… muy feliz”.

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Gledys, para terminar… ¿qué les dices a los venezolanos que están emigrando? A los que se van en autobús, en avión pero también a los que vemos caminando por las carreteras de Colombia, Ecuador, Perú…

“Yo creo que, en términos generales, la decisión que se tome es una decisión que hay que sacarla con dientes, con garra, con fuerza. Se toma el lugar de migración pedacito por pedacito. Yo les diría: ‘No extrañes, no sientas nostalgia porque Venezuela va a seguir allí. Margarita va a seguir allí.  Yo creo va a haber algún momento en que Venezuela va a necesitar de todas las capacidades que estamos desarrollando afuera para ponerlas al servicio del país. Anda y prepárate. ¿Qué debes hacer? ¿Nunca tuviste que trabajar en la construcción porque antes eras abogado? Pues hazlo y aprende cómo se pega bien ese bloque. A lo mejor en algún momento te toca reconstruir algo que nosotros teníamos como baluarte de nuestra ciudad…”

Y Gledys Ibarra… ¿regresará a Venezuela?

“Yo pienso que sí, quiero creer que sí. Lo único es que yo estoy ya a un bolívar de tener 60 años y lo que quiero es tranquilidad. Lo que sí me gustaría es no morirme sin ver a Venezuela libre…”

 

Escucha la entrevista de Gledys Ibarra aquí:

La confusa muerte de Neomar Lander

Neomar Lander
Día 68 de protesta contra Maduro.
El joven Neomar Lander, de apenas 17 años,
 viste un casco, una capucha y un chaleco casero hecho con un pedazo de alfombra. En el pecho lleva la inscripción “Yo soy Libertador” para identificarse como parte de la Resistencia y, de hecho, es de los primeros en  la línea de batalla.  Hacia las cuatro de la tarde, se le ve solo,  frente a un contingente de la Policía Nacional Bolivariana, cuando recibe un fuerte impacto en el pecho que le mató casi en el sitio.
 
¿Qué lo mató exactamente? Nadie lo sabe a ciencia cierta.
Diputados de oposición, como José Manuel Olivares y Carlos Paparoni, aseguraron rápidamente  que fue una bomba lacrimógena disparada en línea recta por la PNB. En la otra orilla política, el Ministerio de Interior y Justicia publicó un tuit donde jura que el joven murió al manipular erradamente un mortero de fabricación casera.
 
Por supuesto, los medios y personeros afectos al gobierno de Maduro se han encargado de replicar esta versión ampliamente, empezando por el genio de Winston Vallenilla, quien tildó al joven de “guarimbero” y se ganó un millón de insultos en cuestión de minutos.
Winston vallenilla Guarimbero

Diosdado Cabello – más eficiente que Grissom de CSI – leyó la conclusión de la autopsia de Neomar en televisión y anunció con una propiedad impresionante que el muchacho había utilizado mal el mortero en cuestión y se había provocado la muerte. Por supuesto, culpó a la oposición – especialmente al diputado Miguel Pizarro – de “convocar a un niño a actividades terroristas y entregarles ese tipo de artefactos explosivos”.
 

Se han publicado dos videos importantes: uno tomado desde lo alto de la avenida Libertador de Caracas a la altura de El Rosal, donde se muestra el momento en el que Neomar cae herido en el piso. Yo, particularmente, no le veo un mortero en las manos ni a su alrededor. Pero tampoco veo con claridad que la PNB realmente le dispare y lo alcance en línea recta.

 

El otro video es el publicado por el equipo de El Nacional, donde se ve a Neomar en sus últimos segundos de vida, con un guante puesto y desafiando con gestos y gritos a la PNB. No lo veo tampoco manipulando un mortero en ese momento.
El video está editado, porque el equipo de El Nacional no alcanzó a grabar la secuencia completa con el momento exacto de la caída del muchacho… pero en las imágenes que sí se muestran, no veo mortero alguno. El videógrafo de El Nacional asegura que nunca hubo tal mortero.

 
Pero quedan cabos sueltos, elementos sin descifrar y una tesis que cada vez se hace más grande: es muy difícil que una bomba lacrimógena, aunque sea disparada con la mayor saña y a poquísima distancia, pueda causar una herida tan grande y profunda como la que tiene Neomar en el pecho.
Dice el paramédico que lo atendió, Jonathan Quantip, que la herida exponía huesos y tejido pulmonar. Además era ancha y muy abierta. No quiero ponerme muy detallista con este tipo de cosas pero creo que es importante describir la escena, por cruda que sea.
 
Pienso que, por lo pronto, es preciso esperar a que el Ministerio Público desarrolle las investigaciones pertinentes y emita un parte oficial.
Créanme, los periodistas hemos tenido toda una tarde de actuar como criminalistas, forenses, policías e investigadores para tratar de encontrarle sentido a este episodio. Seguimos intentando.
 

La confusión reina… y también la muerte, que ya suma 66 víctimas en su lista.

 

Andreina Flores

De muertos, francotiradores y batas gaseadas

Marcha por la salud Mayo 22

Yo recuerdo que el 10 de marzo de 2014 – Día del Médico – se produjo en Caracas una fuerte protesta de los trabajadores de la salud que terminó bloqueada a empujones por la Policía Nacional Bolivariana. No hubo gas lacrimógeno pero sí muchos golpes.
En esa ocasión, alguien dijo que el gobierno era muy inteligente y sabía que no podía permitirse la foto de una bata blanca gaseada.

Bueno, hoy se pusieron brutos. Absolutamente brutos. Brutos como cuando le echaron gas a los viejitos. Brutos como cuando lanzaron una bomba a la señora de la silla de ruedas. Brutos como cuando la GNB agarra a golpes – entre diez – a un muchacho que protesta. Brutos, brutos.

Hoy los médicos, enfermeros, odontólogos, bioanalistas y trabajadores de la salud en general, vestidos de batas blancas y con sus banderas de Venezuela, salieron a la calle a protestar contra la deplorable situación de los hospitales de este país: falta de insumos, equipos dañados, camas rotas, aguas negras en zonas que deben ser totalmente higiénicas, en fin… ni hablar de la escasez de medicinas que ya alcanza el 85%.

Los médicos salieron tomados del brazo, gritando por la autopista una consigna totalmente lógica: “¿Cuál constituyente…? Si en los hospitales se nos mueren los pacientes!!”. O esta otra: “No queremos bombas, queremos medicinas”. La idea era llegar al Ministerio de Salud pero eso, como se podía adivinar,  nunca sucedió.

Quizás la GNB estaba tan lejos que no escuchó este ruego médico y procedió a hacer justamente lo que sabe hacer: tirar bombas.

Pero ya va… no solamente lanzaron bombas. Esta vez, hicieron mucho daño con la ballena y sus chorros de agua. Uno de los médicos que participaba en la protesta quiso mediar con la GNB para calmar los ánimos… incluso abrazó a uno de los guardias para mostrar su buena voluntad. Lo que recibió como respuesta fue un fulminante chorro de agua que lo derribó al piso sin contemplaciones.

Foto Luis Robayo Medico
Médico en protesta es alcanzado por el chorro de agua de la GNB. Foto: Luis Robayo/AFP

Exactamente lo mismo le pasó a dos colegas de prensa: la fotógrafa Ariana Cubillos de la agencia AP, que no solamente terminó en el suelo y con el hombro izquierdo adolorido, sino que el cañón de agua que le lanzó la GNB le partió el lente de su cámara.  Mucho peor fue para el fotógrafo Juan Peraza, quien tiene fractura en el brazo izquierdo por otro chorro de agua que lo derribó en plena autopista.

Fotografo fractura brazo
Fotógrafo Juan Peraza sufrió una fractura en el brazo luego de ser alcanzado por los chorros de agua de la GNB

Así las cosas, las batas blancas no tuvieron más opción que retirarse. Un “triunfo” para la GNB… y una derrota para todos nosotros que seguiremos buscando medicinas y dando carreras con nuestros familiares enfermos por todos lados.

Francotiradores en La Trinidad

Desde que se hizo viral el audio que plantea el uso de francotiradores en las marchas, todos los que salimos a la refriega estamos en alerta máxima. No sabemos si darle veracidad al audio… pero no está demás mirar hacia arriba y protegerse.

Hoy se demostró que no es juego de carritos.  El mismo gobernador Henrique Capriles ha denunciado que, en la azotea del edificio CIED-PDVSA de La Trinidad, se habrían instalado francotiradores con la orden expresa de disparar a los opositores en protesta. Al menos tres heridos de bala se registraron por esa causa el día de hoy.
Gracias a esta era de teléfonos inteligentes omnipresentes (sí, gracias a Dios por eso), los vecinos pudieron registrar en imágenes a estos francotiradores apostados en el techo de la sede de CIED-PDVSA.
Dicen los entendidos que se trata de fusiles AK 103. No sé qué modelo será exactamente, pero sí pude ver lo que es capaz de hacer un arma como esta…

francotiradores La TRinidad

Barinas pone los muertos

Y si en Caracas se contaron más de 30 heridos, en las regiones seguimos contando muertos. Hoy, el epicentro fue el estado Barinas, donde se confirmó la muerte de al menos cuatro jóvenes en el marco de las protestas anti-gobierno:

John Alberto Quintero de 21 años,  alcanzado por un disparo en la cabeza.

Yorman Bervecia de 19 años, víctima de un proyectil en el torso que le habría afectado varios órganos vitales.

Alfredo Carrizales, de 22 años de edad, muerto de un disparo en la ciudad de Barinas.

 Adonis Pérez, de 22 años de edad, muerto de un disparo por la espalda durante una manifestación en Alto Barinas. Pérez era estudiante de veterinaria.

 Con estas cuatro víctimas, el número de fallecidos se eleva a 52 en 52 días de protesta. Qué macabra casualidad.

Estamos viviendo en carne propia la historia de Venezuela, señores. Con un número de muertos que aumenta todos los días y con una escalada de violencia que no va a parar. Como tampoco va a parar la protesta.
Se han sumado la GNB, PNB, colectivos y francotiradores a defender un régimen asesino… y la gente sigue en la calle.
A pesar de los muertos, aquí no se cansa nadie.

Andreina Flores

 

 

Departamento del Tesoro de EEUU sanciona a magistrados del TSJ

La Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha publicado una nueva lista de funcionarios venezolanos sancionados a través de la congelación de cuentas y bienes en territorio estadounidense.
El funcionario más importante en esta lista es Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.
Estas sanciones se suman a las aplicadas al vice-presidente venezolano, Tareck El Aissami, Hugo Carvajal, Ramón Rodríguez Chacín, entre otros 80 funcionarios del gobierno venezolano.

Aquí la lista publicada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos este 18 de mayo:

Luis Fernando DAMIANI BUSTILLOS,
Cédula venezolana 2940803
Magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

Arcadio de Jesus DELGADO ROSALES

Cédula venezolana No. 4159158 

Vice Presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Gladys Maria GUTIERREZ ALVARADO

Cédula venezolana No. 7525777

Ex Presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Juan Jose MENDOZA JOVER

Cédula venezolana No. 9499372
Segundo Vice Presidente del TRibunal Supremo de Justicia
Presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Maikel Jose MORENO PEREZ

Cédula venezolana No. 6652632 

Presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Calixto Antonio ORTEGA RIOS

Cédula venezolana No. 3264031

Magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Lourdes Benicia SUAREZ ANDERSON

Cédula venezolana No. 6726793

Magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

 

Carmen Auxiliadora ZULETA DE MERCHAN

Cédula venezolana No. 3507807

Magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

En Directo: Marcha opositora #18Mayo

VENEZUELA-OPPOSITION-PROTEST

La oposición venezolana ha convocado a una nueva movilización para este jueves, 18 de mayo, con el objetivo de llegar hasta el Ministerio de Interior y Justicia, en protesta contra la represión vivida en las manifestaciones anti-Maduro desde el 1 de abril.
Como ya se ha vuelto costumbre, se espera una fuerte respuesta por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, que podría repetir hoy los numerosos episodios de represión a fuerza de gas lacrimógeno, perdigones, metras y otros proyectiles.

Siga la marcha de este #18Mayo a través de la señal en vivo de nuestros colegas de VPI TV: