Cuentos de la Yuma

Andreina Balcón Habana

No hay escapatoria posible contra esas ideas que se le incrustan a uno en el cerebro y no dejan de hacer ruido hasta que se vuelven realidad.
Así me pasó a mí con Cuba.

Desde el año 2009, se me metió en la cabeza esa extraña necesidad de tomar un avión a La Habana a conocer por mí misma cómo funcionaban las cosas. Yo quería forjarme mi propia opinión sobre “el mar de la felicidad”; quería ir a Cuba a verla de cerca, a respirarla, a tocarla con mis manos y decir – sin influencias ajenas – si me gustaba o no.
Finalmente aterricé en Cuba en abril de 2013. Yo sola.
Y apenas pisé su suelo, me gané el título de “yuma”, la palabra de calle para definir a los extranjeros. Esa soy yo: una chica que pudiera tener rasgos cubanos pero que usa ropa diferente y habla con un acento menos tropical. La que carga la cámara colgada al cuello y se fija en todo.

En este viaje me quité el chaleco de periodista, me puse los zapatos de goma y me dediqué a caminar, a ver, a escuchar. Nada de lo que cuento aquí pretende enarbolar la bandera de la rigurosidad periodística. Al contrario, me habría gustado ser una espectadora pasiva y no sentir este ardor de contar historias. Ser una holandesa de esas que se maravillan por caminar en la Habana Vieja y admiran que los carros de los años 50 – los llamado “almendrones” – todavía rueden por sus calles. O una noruega que se pasea en short y dice “Oh! Beautiful buildings!” sin advertir que son casas viejas que se están derrumbando con familias completas adentro.

En honor a la verdad, durante esa semana no fui ni turista ni periodista. Fui una mujer corriente que desperdició sus días libres en recorrer un sitio que terminó siendo un potente depresivo.

Una ciudad derruida, como si la segunda guerra mundial le hubiese pasado por encima sin enterarse nunca de que existió un Plan Marshall. Una población mayormente conformista, que miente todo el tiempo, que busca sacarle algún peso convertible a los turistas para resolver esas necesidades básicas que aún en Venezuela, en ese momento, asumíamos como medianamente cubiertas.

Ya en ese viaje venía un adelanto de lo que sería mi país en cuestión de meses: nunca había visto yo a un mendigo pidiendo un jabón en la calle. ¿Un jabón?
Sí, un champú, un paquete de toallas sanitarias o un desodorante resultaban verdaderos tesoros en esa locura económica donde la moneda extranjera es la que manda. Un dólar es el sol.
Como dice el cantante cubano Frank Delgado: “Lo bueno de Cuba siempre algo verde te cuesta”.
Pero cuidado, la miseria tiene sus contrastes… si vas un poquito más allá y te sientas en un “paladar” (viejas casas convertidas en restaurantes) la cuenta te puede salir más cara que en Nueva York.

Nunca había visto yo la prostitución tan de cerca y tan abundante. Cierto que las jineteras siempre han sido parte de la leyenda cubana que todos hemos oído pero – en mi ingenua cabecita – pensaba que había que ir a buscarlas. No hace falta. Están allí, en la esquina de mi hotel, en la calle de enfrente, en el malecón, en la rampa. Donde quieras. Yo misma habría podido pasar una noche intensa con un cubano por diez dólares. O con dos por veinte. Ni hablar de la prostitución infantil… que no describo aquí porque el asco todavía me quema la garganta.

Un país donde el internet es un lujo carísimo y de muy mala calidad. Donde la gente sólo ve los medios del estado y tiene pocas voces independientes para informarse, si es que se atreve a buscar información alternativa.

Porque, más allá de todas esas carencias, la huella que realmente me queda impresa en la piel es que Cuba es el país del miedo. Miedo a hablar, a quejarse, a levantar la voz y decir que las cosas no funcionan. Miedo a gritar que la libreta de racionamiento no alcanza, que el sabor de la carne de res ya se les olvidó porque no la pueden pagar. Miedo a decir que un poquito de leche en el café estaría bien pero que sólo se consigue en pesos convertibles, en dólares.

Miedo a decir que Fidel se equivocó, que esa revolución fue un absoluto fraude que sólo le ha traído miseria y represión a sus ciudadanos. Y no los culpo. Gritar “¡Abajo Fidel!” puede valer la cárcel por el cargo de atentado a la autoridad. Y ese es sólo uno entre muchos otros “delitos”.

Yo también regresé con miedo. Y con tristeza.
Tristeza de ver cómo un país se deja aplastar por una dictadura que lo ha dejado en ruinas, tal como quizás hemos hecho nosotros. Tristeza de pensar que si los cubanos han vivido esto desde 1959, los venezolanos podríamos tener aún algunas décadas de chavismo por delante. Dios no lo permita.

En Cuba me decían: “Luchen ustedes en Venezuela como nosotros no lo hicimos. Porque el cubano no enfrenta esta crisis… se va del país.”
Una premonición, sin duda.

La “yuma” que fui en Cuba ve hoy el fin de la era de los Castro por televisión desde Francia. Vaya ironía del destino.
No soy muy optimista sobre este cambio. Me pregunto qué ventajas traerá realmente para el pueblo cubano que el dirigente no tenga apellido Castro sino Díaz Canel.
El concepto de “apertura económica” suena todavía muy irreal. Tengo que verlo.

Sin embargo, como una lucecita de posible cambio, recuerdo la frase que me dije a mí misma al montarme en el avión hacia La Habana en abril de 2013: “Este viaje es necesario. Hay que ver cómo es Cuba antes de que se llene de McDonald’s”.
Amén.

Andreina Flores
IG: @andreinaperiodista
TW: @andreina

 

Detenido Antonio Ledezma, alcalde de Caracas

Ledezma

Funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) arrestaron esta tarde al Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, luego de un allanamiento a su oficina en la Torre Exa del sector El Rosal.

Durante el procedimiento, un grupo de personas intentaron impedir la detención del alcalde, atacando a un funcionario del SEBIN. Otro oficial hizo unos ocho disparos al aire para dispersar a la gente.
Así lo confirmó el Concejal del municipio Chacao, Alfredo Jimenos, quien presenció la escena e incluso contó uno a uno los casquillos de las 8 balas disparadas en el lugar.

El alcalde del municipio El Hatillo, David Smolansky, afirma que Ledezma habría sido trasladado a la sede del SEBIN de Plaza Venezuela. Personalidades de la oposición venezolana, como María Corina Machado, están apostadas a las puertas del organismo intentando obtener más información.

Maria Corina Ledezma

A esta hora, 6 pm, se desconocen las causas de su detención.

@andreina

Caracas, 19 febrero 2015

Entrevista a Raúl Emilio Baduel y El Gato de Aragua desde la cárcel de Tocuyito

Raúl Emilio Baduel Carcel Tocuyito

Una comunicación a escondidas nos conecta con Raúl Emilio Baduel y Alexander Tirado –  alias “El Gato de Aragua” –  ambos considerados presos políticos en Venezuela. De hecho, responden a esta entrevista desde su celda en la cárcel de Tocuyito, estado Carabobo.

Baduel y “El Gato” fueron arrestados por protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro el día 21 de Marzo de 2014. Han denunciado torturas, golpizas, hambre, costillas rotas y un juicio político amañado.

Con este duro expediente, arrancamos con lo que creo debe ser la pregunta más humana:  ¿Cómo se encuentran ustedes físicamente? ¿Cuál es su estado de salud?
Bienvenidos, Raúl Emilio, Alexander…

       Raúl Emilio Baduel: Física y anímicamente nos encontramos mucho mejor de lo que estábamos en aquel infierno llamado Uribana, ya recuperados, bastante recuperados de las lesiones producto del infierno de Uribana. Aquí en la cárcel de Tocuyito., nos encontramos mucho mejor, estamos bajo resguardo y han cesado los maltratos. Y bueno, tenemos la felicidad y el gozo en el corazón de haber hecho lo correcto y estar  haciendo lo correcto. Por eso mantenemos a Dios vivo dentro de nuestra alma y sentimos un infinito orgullo  de ser parte de la historia de los venezolanos de la dignidad.

Andreina:  Justamente yo quería preguntarles sobre esa temporada en la cárcel de Uribana, las noticias que nos daban sus abogados eran terribles: tortura, maltrato físico y psicológico. Pero queríamos escucharlo de ustedes mismos: ¿cómo fue el trato que les dieron en la prisión de Uribana?

        Raúl Emilio Baduel: Desde la misma llegada, desde nuestra llegada al centro penitenciario David Viloria, conocido como Uribana, fueron tiempos difíciles. Primero que todo, la cosa empezó porque fuimos llevados secuestrados de dónde nos encontrábamos en el Centro de Atención al Detenido Alayón, conocido como cárcel de Alayón en Maracay, estado Aragua. Nos sacaron de allí como a las cinco y media de la mañana, engañados, diciendo que íbamos a hablar con un fiscal y desde allí comenzó el tortuoso periodo donde en reiteradas ocasiones vivimos maltratos, tanto físico como psicológico y morales.

        A la llegada del centro de Uribana, fuimos sometidos a un área de reclusión conocida como “aislamiento” donde duramos 22 días. En ese sitio nos servían comida caliente en las manos y nos obligaban a que la echáramos al piso porque no existía otro lugar dónde comer. Era una celda de 2  x 2 metros, donde se anegaban las aguas servidas de las letrinas. Y en reiteradas ocasiones vivimos maltratos por nuestra posición política.

En la noche, continuamente echaban gases lacrimógenos y nos hacían maltratos psicológicos poniendo música a todo volumen con una determinada posición política hacia el oficialismo.

Luego, fuimos llevado a un módulo de máxima seguridad: el Módulo Cuatro. Allí llegamos a vivir hasta con 18 personas en una celda de ocho metros cuadrados, sin ningún tipo de desplace. En ese periodo también hubo momentos y ocasiones de maltrato por parte del propio director del penal, en presencia del propio director del penal.

En ese módulo vivimos como unos siete meses, con una comida bastante precaria. Pienso que la mayor tortura que existía era que vivíamos todo el día y toda la noche con hambre.

Durante una requisa, el señor Julio César Pérez, como director del penal, sometió a la población a hechos de tortura al acostarnos – a las doce del mediodía –  boca abajo sobre el asfalto caliente, quemándose nuestras partes íntimas.
Durante esa requisa, uno de los individuos, al reconocerme, me pateó el lado izquierdo y me produjo una lesión en las costillas. Luego, en el propio tribunal de juicio, yo se la mostré a la juez y al público en la audiencia.

Andreina: ¿Y qué responde Alexander Tirado, “El Gato de Aragua”…?

      Alexander Tirado: En la cárcel de Uribana no fue simplemente el hecho de haber sido golpeado por un bate al cual llamaban  “El Comenalgas”, algo que es totalmente cierto. Tenían otros bates que le decían “Derechos Humanos” y te decían:  “Bueno,  estos son los derechos humanos de aquí”. Aparte de todo lo que fueron los golpes, en una ocasión fuimos amenazados con armas de fuego montadas en la cabeza. También aguantamos  gas lacrimógeno en medio de la madrugada.

     A veces, se acercaba un custodio a darme algo  de comida y me decían: “Bueno échale un poquito más de comida para que la comida lo acompañe, porque ahí se va a podrir el maldito escuálido ese…”

Foto Raul y Gato Uribana                 Alexander Tirado (al frente ) y Raúl Emilio Baduel en la cárcel de Uribana 

Andreina: Justamente tú haces referencias a esa especie de bate de béisbol, con EL que ustedes fueron torturados, que lleva por nombre el “Comenalgas”, nada menos, ¿Qué es el “Comenalgas” exactamente? y ¿Cómo fue utilizado con ustedes?

       Raúl Emilio: Ese instrumento de tortura es parecido a la  herramienta con la que juegan cricket.  Es una tabla sólida, maciza, cuadrada, con una empuñadura más delgada. A manera de burla, le anotaban con marcador “El Comenalgas”.  Al golpear, causaba escaras en la piel.  Como dirían aquí en Venezuela: uno suelta de una vez el cuero.

Andreína: Si ustedes estaban protestando pacíficamente como se ve en los videos que circulan por las redes sociales, entonces ¿por qué se les detiene? ¿Cuáles son las razones de su arresto? Muchos dicen que ustedes estaban moviendo mucha gente en el estado Aragua contra Nicolás Maduro. Y por supuesto, está la tesis de que Raúl Emilio Baduel ha sido arrestado por ser hijo de quién es hijo, de Raúl Isaías Baduel, a quien se le considera un traidor  a Hugo Chávez. ¿Cuáles son las razones para haberlos detenido?

       Raúl Emilio Baduel: La razón principal de nuestra detención es el miedo, Andreina, el miedo de un desgobierno forajido que ha creado un aparato antidemocrático que le teme a la verdad y a las ideas. Llegamos a movilizar durante los carnavales del 2014 a más de cinco mil personas en el estado Aragua, convencidas de que esto merece un cambio. Eso fue lo que conllevó a la detención del Gato y de mi persona: el miedo.

Andreína: Insisto en mi pregunta, ¿Te detuvieron también por ser hijo de Raúl Isaías Baduel?

      Raúl Emilio Baduel: Sí influyó que yo sea hijo del General en Jefe Raúl Isaías Baduel. Pienso que ellos intentan amedrentar a mi padre mediante mi sufrimiento y mediante mi encarcelación. El comisario Carlos Díaz, en Maracay, me llamó por mi nombre y me dijo: “Vente, que ahora te toca a ti”.

     Andreína: ¿Tú has estado en contacto con tu padre, Raúl Isaías Baduel, desde la prisión?, ¿Qué opina él de tu situación?

     Raúl Emilio Baduel: El único contacto que he mantenido con mi padre durante todos estos diez meses de prisión ha sido mediante misivas que nos hemos enviado con familiares directos, con mis hermanos. Mis hermanas me cuentan que, por supuesto, tiene bastante preocupación pero la posición que él siempre me ha manifestado es la de orgullo por mantener mis convicciones más allá de toda la encarcelación y todo el sufrimiento que nos ha puesto a vivir el pseudo-estado forajido al Gato y a mí.

Andreína: Hemos escuchado muchas opiniones que culpan a Raúl Isaías Baduel de haber devuelto a Hugo Chávez al poder en abril de 2002. Y esa misma gente, con ese mismo resentimiento por dentro, considera que es justo que estén presos tanto él como tú. ¿Qué respondes a esa posición?

     Raúl Emilio Baduel: Estas personas, Andreina, pecan a veces en repetir automáticamente una mentira manipulada por algunos pocos de los sectores más radicales de la polarización del país y a veces no comprenden de Raúl Isaías Baduel no salvó a la persona de Hugo Chávez, sino que rescató el hilo constitucional que se rompió en abril del 2002.

     Y eso mismo lo defendió de igual manera en diciembre de 2007 cuando se le opuso a Chávez a la reforma, a su proyecto de reforma constitucional y su posición colaboró a que Hugo Chávez perdiera dicha reforma.

     A veces me decepciona que personas que se hacen llamar demócratas pretendan que un solo ciudadano decida lo que nos corresponde a todos como venezolanos. Raúl Isaías Baduel lleva seis años injustamente cautivo por hacer lo correcto. Y su hijo, diez meses por lo mismo: hacer lo correcto, por defender la democracia, la constitución y las leyes.

Celda de Raúl Emilio Baduel Tocuyito

                 Celda de Raúl Emilio Baduel y El Gato de Aragua en la cárcel de Tocuyito

Andreína: Volviendo al juicio, hemos sido testigos de que la audiencia conclusiva ha sido diferida cuatro veces. ¿Cuál es la razón que la juez Iris Araujo ha dado para eso?

      Alexander Tirado: Lo que argumenta la juez es que en ocasiones le duele la columna, que no hay despacho, que tiene algún problema de salud. En una ocasión dijo que necesitaba ir al banco y nos mantiene privados de libertad.

¿Cuál es la verdadera razón por la cual ellos nos mantienen privados de libertad? Simplemente es porque somos rehenes del Estado, nosotros somos hoy rehenes de una dictadura, esa es la verdad, ese es el motivo. El motivo es que esta gente tiene miedo y en algún momento van a tener que darnos la libertad  y esa libertad corresponderá con una gran libertad de Venezuela.

Andreína: Y ya para finalizar, quería que hiciéramos una especie de ejercicio de imaginación. Si ustedes pudieran hablar  con Nicolás Maduro, así como estamos hablando ustedes y yo… ¿Qué le dirían?

      Raúl Emilio Baduel: Lo primero que le diría a Maduro es lo mismo que le dijo mi padre a Hugo Chávez cuando éste mandó a una persona a ofrecerle el indulto, el cual mi padre rechazó y se negó rotundamente. Yo le diría a Maduro que es un cobarde, no solo por lo que nos ha hecho a nosotros sino porque lo que le ha hecho a todas las personas y a todas las familias víctimas de la represión. Por lo que le ha hecho a todos los presos y perseguidos políticos en Venezuela.

Andreina Flores

Caracas, Venezuela.
2 de febrero de 2015