Todas somos Erika… o la sorpresa de encontrar los propios miedos en una celebridad

Después de un mes de mensajes, incertidumbre y sobre todo, de mis RUEGOS por obtener un espacito de conversación… aquí estamos. En un hotel de París, poco antes de la presentación de su monólogo “Tú no sabes quién soy yo”… aparece Erika de la Vega.

Risueña, hermosa, mucho más relajada de lo que cualquiera se imaginaría que un artista pudiera estar antes de salir a escena. Me saluda con dos besos – à la française – pero remata con una frase digna de una cachapa con queso de mano:  “Marica, disculpa que te haya hecho esperar… pero dale, tenemos media hora, estamos bien”.

Ante esa familiaridad de paisanas, me relajo yo también, le tomo la palabra y empezamos una conversación absolutamente personal y honesta que terminó siendo para mí un verdadero bálsamo.

Andreina: Bonsooooirrrrr… ¿Qué vamos a ver esta noche en París? ¿De qué se trata “Tú no sabes quién soy yo”?

 Erika: Esto es como una mezcla entre StandUp Comedy, monólogo… creo que es un “One Woman Show”. Yo ahí bailo, canto… pero bailo y canto mal, no vayas a creer que vas a ver algo estudiado, jejejee.  Lo cierto es que esto yo lo escribí en el 2016 y ya yo venía haciendo monólogos en mi programa de televisión que se llamaba “Erika Tipo 11” pero nunca lo había hecho con público porque siempre le tuve miedo… pero cuando llegué a Miami, vi que todo el mundo lo estaba haciendo y la gente me preguntaba “¿Cuándo es el tuyo?” … así que lo estrené en el 2016.

Lo escribí con la conciencia de que lo iba a presentar en Miami  y quería que gente de todas las nacionalidades lo viera. Entonces lo escribí en clave universal… de las redes sociales, de las cirugías plásticas, del matrimonio, de las relaciones hombre-mujer. Y no es un show feminista, es un show que muestra que estoy de parte de los hombres… o les hago creer eso.

Andreina: Todos los que estamos fuera de Venezuela, hemos tenido la necesidad de reinventarnos, así como has hecho tú. Eras – o eres todavía – una estrella de la radio y la televisión venezolana pero ahora en Miami te toca enfrentarte al público, tener al “enemigo” de frente. ¿Cómo entrar en una nueva etapa? ¿Cómo logras reinventarte?

 Erika:  Yo no siento que yo me he reinventado, yo estoy en el proceso. La idea de hacer un podcast que se llama “En Defensa Propia” para hablar de la reinvención es justamente escuchar otras experiencias para aprender como se hace.
Mira lo que a mí me pasaba: sí, yo hice radio, yo hice televisión pero ya yo no lo practico. Yo ya no estoy en la radio ni la tele, porque no hay proyectos, no hay espacios.  Y entonces me estaba pasando algo: en la biografía de mis redes sociales yo decía eso “presentadora, locutora” pero no lo estaba ejerciendo. Entonces había como… una contradicción.

Me dije: “Yo tengo que forjarme otra biografía, y tengo que poner en práctica otras  cosas para ponerlas en mi biografía. ¿Quién soy ahora? Si no estoy haciendo lo que hacía antes, entonces… ¿quién soy?”. Comenzaron todas esas reflexiones  y ese miedo al abismo de enfrentarse a la nada. Porque son las oportunidades que tú misma te tienes que forjar. Porque bueno, yo tengo muchas ideas pero llevarlas a cabo ahora en este mundo digital… donde todo es muy bonito pero en donde el presupuesto viene de tu bolsillo.

Andreina: Lo sé, lo sé…  (Lo dije casi llorando, al recordar que justamente esta entrevista no fue realizada en video por falta de presupuesto en MI bolsillo…)

Erika: Sí, tú lo sabes. Yo comencé a hacer unos videos en YouTube que me costaron mucha plata y yo decía “Esto es inviable”.

 Andreina: El  “Say Whaaaasss!”…

Erika: Exactamente.  Me decía “Estoy gastándome un platal, no se devuelve y por más que yo quiera hacer humor, tengo que conseguir un formato que no me cueste dinero y que sea interesante.”
Yo ya tengo siete años en Miami y los primeros años estuve corriendo para hacer lo que venía haciendo: radio y televisión. Yo decidí hacer mis propias cosas y ahora hago el standup comedy pero eso lo hago esporádicamente. Después de esta gira, yo paro un rato y el flujo de caja… también.  Hay que hacer otras cosas.

Andreina: No sabes cuánto me consuela escucharte… te lo juro!!

 Erika:  Es que todas andamos en lo mismo! Los que hacemos contenido digital sabemos que es un problema. El presupuesto, patrocinantes… no solamente hacer el contenido sino salir a venderlo. De repente no lo quieres vender por tan poco, quieres que lo validen buenas marcas porque sientes que tu contenido vale más.

Vino este bajón mío de: “¿Quién soy? ¿Por qué me tengo que reinventar si yo estoy bien con lo que inventé? Yo  estuve 20 años trabajando en la radio, ya escribía, era productora ejecutiva, fui creciendo…” Todo eso se transforma en humo cuando estás buscando chamba en los canales de televisión porque te dicen “Ah qué bien… aquí hay una mexicana que hizo tres programas más que tú…”.

Andreina:  Erika, yo habría dicho que en Miami te estaban esperando con los brazos abiertos…

 Erika: ¡Yo también! Tuve oportunidades buenas: hice la cobertura digital de un programa que conducía Lucero, hice un programa de humor con Boris Izaguirre pero cuando todo eso se acabó, aposté por mis cosas. Pero apostar por tus cosas significa más trabajo y más organización. Y yo no soy una mujer estructurada, soy una mujer creativa pero necesito a alguien que me ayude a operar. Pero luego de treinta conversaciones con el podcast “En Defensa Propia”, el feedback de la gente en las redes era “Gracias, Erika, no estoy sola”.

Andreina:  Que es exactamente lo que yo estoy sintiendo en este momento…

 Erika: Este podcast me hizo reencontrarme conmigo misma, reencontrarme con lo femenino. Siempre he tenido mucha energía masculina, pero este proyecto me ha hecho sentir el brillo de la feminidad. De ver como alguien que tuvo una idea en el suelo de la cocina y se convirtió en una gran marca. Me empecé a enamorar de la mujer en ese sentido.

Andreina: “Erika, ¿qué dice tu hijo Matías cuando te ve en las redes, en los videos, en el escenario… qué dice de “mamá”?

 Erika: El no sabe que su mamá es tan cómica … porque soy un poco gorila. Bueno, una es mamá, una tiene que criar un niño. Creo que lo concientiza desde sus once años, me dice “Break a Leg”, está pendiente de si fue sold out o no… a veces me dice “Mami, tú no das risa”…

Andreina: “Gracias, hijo…”

Erika: En Venezuela, él siempre estuvo muy consciente e mi trabajo, veía que me pedían fotos. Cuando nos fuimos a vivir a Miami, él tenía cuatro años y me decía “Mami, pero, ¿aquí no te conocen, no?”. El entiende mi trabajo y cuando me quiere insultar me dice que soy un “ama de casa”. Y yo le digo “Mira!!! No me digas eso!!!”.

 Andreina: No sé si vas a odiar mi pregunta, quizás sí… En estos días, la foto de Brad Pitt y Jennifer Aniston le dio la vuelta al mundo… y la gente decía “Ayyyyy pero qué bonitos se ven juntos, nunca debieron separarseeee”. Y yo pensaba: “Esto es lo que Erika debe sentir cada vez que la gente se acuerda de ella y de Capriles”. ¿No estás cansada de que la gente te siga asociando con Capriles yo-no-sé-cuantos años después???

 Erika: No, yo me río de eso. Está en mi StandUp. Creo que fue una parte de mi vida que fue muy pública y ya me puedo reír. Él va a ser papá también y yo me alegré mucho. Yo tengo una excelente relación con su familia y todos ellos fueron a ver mi show en Nueva York… y se rieron de todos los chistes de Henrique.

Fíjate que su mamá, tan bella Mónica, me dijo: “Ya entiendo por qué no te casaste con Henrique… porque no hubieras podido hacer lo que estás haciendo y es tan bueno. Habría sido una lástima que no pudieras hacerlo.” Y para mí fue un cierre de relación con ella.

Siempre he quedado bien con mis “exesssss”…  Carlos Baute también me fue a ver a Madrid. No puedo dejar de sentir algo bonito por alguien que fue importante en mi vida.

Andreina:  Erika, tú hablas de todos los sueños de la gente que entrevistas pero…  ¿cuáles son tus sueños? ¿Qué viene ahora? ¿Qué está dando vueltas en tu cabeza en este momento?

 Erika: Yo quiero hacer crecer la temática del podcast. Quiero desarrollar una plataforma para que nos ayudemos entre todas, para dar herramientas para sobrellevar la vida. Y como yo lo estoy aprendiendo, quiero crear una plataforma para crear una comunidad, para hacer conexiones. Quiero sacar de aquí un libro. Quiero hacer cosas que no estén necesariamente relacionadas con el humor. Me di cuenta que hay que abrir el corazón y decir verdades que no estén barnizadas por el humor…

Andreina: Quiero agradecerte tu honestidad, que hayas abierto el corazón de esta manera. Yo seguiré escuchándote y viendo tus fotos. Fue un gustazo!!!

 Pero lo que yo no sabía en ese momento era que la entrevista era sólo LA MITAD de ese gustazo. La otra mitad fue verla en escena durante su monólogo “Tú no sabes quien soy yo” donde Erika baila, brinca, se tira al piso, canta y se mete a todo el mundo en el bolsillo. Fue difícil fotografiarla… nunca se quedaba quieta!!! Las imágenes que acompañan esta conversa son sólo una cucharadita de la energía que derramó esa noche.

Gracias, Erika. Eres bienvenida en París cuando quieras.

Fotos: Andreina Flores

 

 ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA AQUI:

 

Reconciling with Normality

Calle Paris
Place de la République, Paris. Any night

Léelo en español aquí: Reconciliarse con la Normalidad 

“Normal” is an abstract, diffuse concept, which each person spreads with his/her own spices. And now that I am in France – but still with my head in Venezuela – it is a word that acquires a new meaning every day.

It is better explained with examples:

If I am on the street at 6 o’clock in the afternoon… a series of sensations -that also came from Caracas in my suitcase- suddenly kick in. I still have that internal alarm that tells me: “It’s already getting dark, you’d better go home”. And yes, I begin going back there … only, on the way, I run into hundreds of people who are JUST STARTING to live the night. People walking in laughter, talking on the cell phone, kissing under a statue. People jogging, people having a drink, sitting quietly at the tables that are placed on the sidewalk. ON THE SIDEWALK !!!

My wires are crossed, they do not understand. I fear for everyone. I almost shout in the middle of the avenue “Are you crazy or what the hell is wrong with you? Don’t you understand that somebody can come to rob you? ”

Of course, in less than 5 seconds, everything becomes clear: the one that is crazy is me. The one who thinks that someone is going to steal her cell phone at gunpoint is me. The one who has years of training in panic situations and a series of alarms always in red is me. I am the girl who has been robbed 8 times, the one who drove the car under the command of a pair of revolvers, the one who lost her most important ring at the hands of a damn scarfaced thief. The one who returned one day to her house and found it burglarized, without a television, without a computer, without the sound equipment and without a soul.

What I still have on my skin is fear. An absolutely useful feeling in Petare, Sabana Grande and El Rosal [in Caracas] but a little out of place on the Parisian streets, even in the ugly ones. No one wants to walk next to a woman who is startled by everything and distrusts everyone. That girl with 360 degree looks on her 100 eyes who begins to tremble when she hears footsteps behind her… definitely has to calm down.

Calm down to urban noise and understand that a motorcycle is not necessarily a vehicle of crime; that it can simply be a means of transportation. Calm down before the proximity of people, before those who ask for directions to get somewhere, before those who smile on the subway. Calm down, calm down.

Jamón Paris
The fridge of the hams. Any supermarket. Paris.

Then there is the food. Come on, I do not want to feed that odious comparison between a French supermarket and the empty shelves of Venezuela … but I must confess that going to the market here is a gift for the spirit.
The abundance is so overwhelming that it confuses, it engulfs. There is so much, so much, that I do not know what to buy. I do not know if the ham is better dry-cured or wet-cured … smoked, baked, natural, with honey, organic, without salt or with vitamins. There are chicken, meat, eggs, milk, flour, sugar, coffee, in different presentations, sizes, colors, brands … and everything is there. You do not have to queue and you do not have to pay it at an exorbitant price on the black market. It is just there.

And it’s so normal that, on any given afternoon, the children of my friends sing a traditional French song that says: “Au marché, au marché … tu peux tout, tout trouver” (In the market, in the market, you can find all of everything). I see them and I smile to see them happy, but I cannot help remembering the child interviewed by my colleague Francisco Urreiztieta in Zulia, who was crying from hunger and saying that his head hurt. Or the students of the Fe y Alegría schools who drew an empty plate as the daily dinner in their homes.

Normality hits me and, in some way, makes me feel guilty. What right do I have to be choosing hams, chickens and meats when there are so many people at home that work miracles to eat whatever they can find?

It is also normal to go to the pharmacy and buy medicines in countries other than Venezuela. That’s what pharmacies are for. And although many countrymen may not believe me, there are anti-flu cough syrups, contraceptives, medicines for high blood pressure, antibiotics, gastric protectors, diapers for adults, anti-allergic pills, formula milk for babies. This is going to sound twisted but I swear that I even want to get sick.

It is normal for the internet to work well. At home, on the cell phone and even on a square in the city! And even so, it is also normal for people to inform themselves by VIEWING TELEVISION. I envy the French who lie on the sofa, turn on the TV to the eight o’clock news and find out everything. Long gone are the days when Venezuelan television was a means of information. Now it is either a fearful and insipid screen that does not call things by their name … or it is a spittoon of hatred against anyone who is not red [color associated with pro-government supporters].

For that reason, we all understood that we have to turn to Twitter, Facebook or Instagram if you want to know what the hell is happening. That, of course, if God ABA/Internet allows it.

Have I already talked about cash?

A few days ago, I was looking for the best way to give a friend about 150 euros that I owed her. She very calmly said to me: “Hey, why don’t you take them out of a bank teller and give them to me in cash?” I was silent. With the Venezuelan chip still in my head, I started counting HOW MANY DAYS it was going to take me to get that amount in cash. In Venezuela, my withdrawal limit is 20 thousand bolivares a day. I am conditioned to that number which is now inside my entire bloodstream. Foolishly, I had said to myself: “Well, if I get from 20 to 20 euros a day … by next week, I can pay Mélanie.”

There, that’s how it is, like the donkey tied to a plastic chair that does not dare to move because it thinks it is a prisoner. Fortunately, Mélanie went with me and taught me that here, in a NORMAL country, the teller gives you 150 euros in one push. In fact, it would have given me 200 if I had asked for them. TWO HUNDRED!!!! Actually, you do not even need cash. A taxi is paid with a credit card … and almost everything else, too.

Among many other things, I come to remember that colors are not necessarily political. Here I have decided to take out my red jacket, my red cap and my red lipstick. When I wear red, people here do not see me with fear or mockery, nor do they say to me the classic Venezuelan phrase “Oh, you’re wearing red, reddish red… [roja, rojita -a symbol of chavismo]” The French look at me, smile at me or ignore me, depending on their mood. And those who dare to say something to me will compliment me with phrases like: “Today you look happier. You’re dressed for Christmas… ”

This is normality. We must not forget it, we must relearn what normal is. And tomorrow, when everything changes -because sooner or later it will – we have to return this normality to Venezuela … from where it should have never left.

Andreína Flores
A Venezuelan journalist in Paris

English version: Bertha Leiva