Luis Carlos cafe editadaBarquisimeto, agosto de 2006

Mi amiga y profesora Karelia de la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto: “Andre, no tenemos presupuesto para alojar al ponente del evento sobre los Blogs. Tú crees que puedas alojarlo en tu casa?”

Yo: “Chama, pero ¿cómo voy yo a meter a un desconocido en mi casa, así como así? Cómo es que se llama el tipo…?”

Karelia: Luis Carlos Díaz. Es pana, ya vas a ver.

Yo: Ustedes sí inventan de verdad. Bueno, dile que sí. Pero yo no tengo cama adicional, lo que tengo son unos colchones…

Karelia: No vale, a él no le importa. Él es un tipo bien…

Luis Carlos llegó a mi casa de Barquisimeto una semana después. Dos completos desconocidos compartiendo los espacios. La casa, la computadora, el baño, la cafetera y el inicio de una de las mejores amistades de mi vida.
No tuvo problema en dormir en los colchones en el piso ni lavar los platos del desayuno. Me decía: “No soy invitado, soy un refugiado”. Pero vaya que era un refugiado de alto nivel.

Luis Carlos era uno de esos niños genios que todo lo saben desde que tienen 12 años, y en esa ocasión del 2006 venía a hablar de una herramienta de infociudadanía que nos tenía a todos eufóricos: los blogs. Lo escuchábamos encantados de ver cómo se movía hábilmente por las letras y la web… y más aún de verlo evangelizando a diestra y siniestra sobre el poder de las redes.

No existía Twitter, ni Facebook, ni Instagram. Pero ya Luis Carlos lo sabía. Sabía que el futuro era ese tejido de redes digitales a lo McLuhan. Entendía perfectamente las dimensiones que la aldea global tomaría y desde 2006 le apostaba la vida a eso.

Andreina y Luis Carlos editada vieja

Luis Carlos fue el único bicho raro que, durante las protestas por el cierre de RCTV en 2007, mostraba una pancarta que decía “Abre tu blog”. Un mensaje premonitorio que nadie entendió en ese momento pero que hoy todos practican. Hoy hacemos microblogging desde nuestros propios medios, superando incluso a los moderados (y cobardes) canales tradicionales. Hacemos ruido, exigimos a las autoridades, organizamos movimientos. Somos un poder.

Luis Carlos apostó y ganó.
Ganó tanto que ahora está en la mira del gobierno. Pasó una noche en la cárcel porque levanta opinión, explica, instruye y motiva. El SEBIN lo golpea porque es la antítesis de la dictadura. Porque lejos de crear un apagón – como se le acusa – te da luces para que sigas informando y diciendo lo que piensas.

Vaya hasta él mi abrazo solidario de periodista y amiga, mi aplauso por hacer lo que le apasiona, aunque el riesgo sea enorme.
Seguimos pa’lante, mi refugiado.

Nota: el que se burle de mi sonrisa férrea lo bloqueo, avisao.

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s