Wil Riera (2)

“Buenos días, bienvenidos a la clase de Documentalismo…” fueron las palabras que escuché de Wil Riera por primera vez en la escuela de fotografía de Roberto Mata.
A partir de ahí, fue “El Profe”.

Entre historias de Cartier-Bresson, Sebastiao Salgado y James Nachtwey comenzó nuestra amistad. Un poco accidentada al principio: yo hacía 1.200 fotos en una sesión y él opinaba que sólo había unas diez que “pudieran funcionar”. Pero nos tomamos cariño, como suele suceder en esas extrañas relaciones académicas donde el profesor destroza el trabajo del alumno y este, en vez de desmotivarse y abandonar, quiere más golpes. A lo Whiplash.

Wil era un perro verde, un bicho raro. Un tipo que podía amar la salida del sol y al mismo tiempo odiar al mundo entero. Un chamo apasionado de la fotografía y ladillado de las personas. De palabra sincera que rayaba en lo hiriente. Un chico migraña, pues.
Pero así lo queríamos todos. Lo queremos todos.

Así compartimos salón y calle. Profesor y alumna en la escuela, colegas fotoperiodistas en las manifestaciones de 2017.
Recuerdo haberle dado un chaleco anti-balas que tenía guardado en el closet porque me mortificaba que saliera herido: “Aquí tienes, mijito, antes de que te den un tiro”.

Luego descubriríamos otras similitudes: barquisimetanos ambos, cabudareños, seguidores de la Divina Pastora y hasta una grata coincidencia: mi hermano Ricardo había estudiado con él en la universidad. Vaya, el mundo es un pañuelo. Y Barquisimeto sigue pariendo talentos que se encuentran como imanes en el mundo.
A partir de ahí, los más panas.

Recuerdo varias noches en las que lo llamaba sin avisar a golpe de 11pm para hacerle preguntas de niña rosa como: “¿Por qué los hombres son así? ¿Por qué te dicen que te quieren y te dejan botada…?”
Y él se reía.
Entre comentarios ácidos y un análisis antropológico, me escuchaba con paciencia hasta la 1 de la mañana.

Wil Riera fue uno de los únicos dos amigos que vinieron a mi casa antes de irme a Francia. “Vamos a tomarnos unas birras porque yo sé que no vas a volver. Ya te compré tus Smirnoff Ice.” me dijo.
Ahí, sentados a la mesa, después de cuatro tragos, le dije: “Profe, véngase a Francia y de ahí nos vamos a la isla de Lesbos, en Grecia, para hacerle fotos a los migrantes que llegan de África. Usted se ganará el World Press Photo y yo tendré una que otra buena imagen para colgar en mi Instagram”.
El: “Sí va.”

Esa fue la última vez que nos vimos. Si alguien me hubiera dicho que Wil iba a morir hoy, sólo un año y medio después, yo misma le habría puesto un ojo morado al mensajero, por atreverse a desearle mal a un tipo encantador de apenas 36 años.

Wil sufriría un ACV en junio de 2018 del que no se recuperaría nunca. El amor de los amigos, de su familia y las ganas de que se levantara de la cama no fueron suficientes. Vimos a Wil recuperar ciertos movimientos, ciertas facultades. Incluso ya hablábamos por WhatsApp y nos mandábamos fotos. Él publicaba en redes y hasta vendió un proyecto fotográfico a un periódico internacional. Increíble. “Chamo, estás en coma y estás publicando más que yo” me atreví a decirle.
Y él se reía.

Pero la mejoría se detuvo en seco esta mañana y la noticia llegó hasta París: “Wil murió”.

Mierda. Pienso en sus padres, en sus amigos, en sus alumnos. En todas las fotos que hizo y las que no hará nunca.
Pienso en lo valiente que había sido en cambiar su carrera de ingeniero y convertirse en fotógrafo, para darle inicio a una vida más aventurera, antes de que le pasaran 30 años por encima con una profesión que no lo llenaba.

Pienso, entre lágrimas, que pudo haber vivido 50 años más y ser un enorme personaje de la fotografía mundial. Pero me alivia saber que deja un excelente trabajo tras de sí y un montón de enseñanzas que no mueren.

Y lo sé porque ahora que me he atrevido a desarrollar un proyecto fotográfico sobre los migrantes en Francia… juro que, cada vez que tomo una imagen, la voz de Wil resuena destrozándola: “Está sobreexpuesta, no sirve”, “Esa es una foto de rutina, no transmite nada” y así… un rosario de regaños que hoy me encantaría escuchar en persona.

No se me olvida nuestro pacto, profe: yo iré a Lesbos… y usted estará ahí conmigo.

Andreina Flores

12 comentarios

  1. Un hermoso homenaje a tan inmensa amistad. Un admirador de tu trabajo intentando aprender francés, pero que ruda es la pronunciación.

  2. Que hermoso tu relato. Mejor homenaje para mí Wilfredito imposible.
    Muchas gracias por escribir tan bello mensaje para el.
    Estoy seguro que nos va a seguir acompañado a todos en nuestro diario andar.
    Dios me lo tenga en su gloria.
    Dios te bendiga hijo. Descansa en paz.

  3. Andreina, desde que te sigo me han encantado tus relatos, pero este en particular me tocó porque conozco a los dos personajes. La verdad que lo poco o que conocí de Wil es exactamente lo que describes en tus líneas.

    Que manera de expresar tus sentimientos.

    Cuídate mucho y espero ver pronto tu trabajo fotográfico.

    Antonio Pérez

  4. 💕😔 El verdadero amor de amigos…Siento tu pena (por lo que expresas). DIOS haya recibido su Alma con amor…. 💕🙏 Es así, en tus recuerdos, él estará contigo en ese evento… Recuerda: ¡Los amigos son para siempre! 💝 Y para ti, éxitos y más exitos “\()/”

  5. No conocí a su profesor ni la conosco a usted pero estoy seguro que debe estar honrado por sus palabras. Al final nunca nos vamos…

  6. Excelente Andreina, que mejor tributo para una persona querida y admirada, que realzar la fuerza de lo que era su cotidianidad, de su carácter, de su trabajo… que Dios lo reciba en su gloria y le de consuelo a su familia, Amen.

  7. Que hermosas y sentidas palabras, que Dios lo reciba en su gloria, le de paz y consuelo a quien tanto lo quería.
    Saludos,

  8. Hermoso texto y muy sentido. Soy fotógrafo y conocí a Wil en la calle, en las protestas del 2017. Realmente tenia un carácter recio, como me dijo su papá ayer, el estaba peleado con El Mundo. Seguía su trabajo por las redes. Hace casi 2 años una estudiante de la UCAB me solicito fotos sobre el tema de la pobreza actual. No lo dude y lo recomendé a él. Me lo conseguí una vez mas en la calle, en otra protesta más. Le comente sobre el requerimiento de la estudiante y el accedió. Ví la entrevista y su trabajo fotográfico en la final de la tesis. Poco después le llego el ACV. El sábado me entere por Twitter de su fallecimiento. Ayer pensé que tenia que despedirme y dejar de pasar de tomar fotos en la concentración. El se lo merecía. QEPD. Deja un gran legado.

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